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México vive una guerra sin nombre

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

El horror que vive México desde hace varios años lo ha documentado nítidamente en su trabajo periodístico: madres reconstruyendo cuerpos de sus hijos con piezas halladas en fosas clandestinas, soldados matando civiles, delincuencia contra civiles, delincuencia y estado fusionados en algunas zonas, autodefensas en otras.


“Lo que tenemos aquí es una guerra, pero ¿cómo le llamamos? No existe una categoría para lo que estamos viviendo”, expresa Daniela Rea, autora del libro “La Tropa ¿Por qué mata un soldado?” y de otras múltiples publicaciones que recogen las historias de vida de familiares de personas desaparecidas y halladas en fosas clandestinas.


Para Daniela Rea, autora en Pie de Página, la categoría más apegada a lo que vive el país es la planteada por Dawn Marie Paley, autora del libro Capitalismo Antidrogas en el que acuña el término “Guerra neoliberal”, el cual devela que el foco es la protección de los intereses del capital.


“Ha habido una discusión amplia sobre si estamos en una guerra o no, para iniciar porque con Felipe Calderón se usó la palabra guerra contra el narcotráfico, pero después no se quisieron asumir las consecuencias jurídico legales dentro del derecho internacional que podría tener asumirte dentro de una guerra. Por un lado, está eso; por el otro hay derechos cedidos de facto: a ciertas horas no transitas por las carreteras, la gente es desplazada de sus comunidades lo mismo en Sinaloa que en Guerrero, hay momentos en que las escuelas se cierran por violencia o los maestros no tienen libertad de cátedra. En la vida cotidiana hay zonas en donde la gente dice que lo que vive es una guerra; sin embargo, no hay claridad”, señala.


"Más complejo todavía -agrega- es determinar qué tipo de guerra se vive porque en las guerras hay dos bandos claramente identificables, que fue lo que se vivió en las guerras civiles de Centroamérica, o las guerras internacionales, es decir, entre países".


“Los que vemos en México sobrepasa esas categorías. No hay dos bandos claramente identificables porque por un lado está el Estado mexicano que tienen el uso legítimo de la fuerza, entre comillas, contra sus adversarios que dice que son los narcos, pero lo que hemos visto en la realidad es que el Estado está fusionado en muchas situaciones, circunstancias y casos o regiones concretas, con el crimen. Hay zonas en las que se habla de un narcoestado y ahí la claridad de tener dos rivales identificables no se cumple".


"¿Qué pasa en otras zonas, que además de tener al Estado como un actor y a los narcos como otro, hay grupos de autodefensas que han surgido para defenderse de uno y de otro? En otras zonas, como sucedió en algunos momentos en Monterrey, ahora no sé como esté, también están los paramilitares, que son grupos armados pagados por empresarios que buscan defender sus intereses; entonces, lo que hay es una diversidad de actores armados que no necesariamente se están disputando una ideología sino el control de un territorio”.


Ciudadanía en esquizofrenia


Daniela Rea, quien fue invitada a la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), señaló que en dicho contexto la sociedad civil no tiene claridad de quién es el enemigo y quién protege. En zonas identificadas en Tamaulipas, Veracruz, Coahuila y Chihuahua la policía detiene "personas para entregarlas al crimen organizado y zonas en donde la gente se llegó a sentir protegida por el crimen organizado porque, por ejemplo, en zonas de Michoacán, la Familia Michoacana, en sus inicios empezó a defender a las mujeres de la violencia familiar por los esposos alcohólicos. Entonces lo que tenemos es una situación esquizofrénica en donde no tenemos claridad de estos bandos, de quién te proteges y quién te protege”, expuso.


La periodista mexicana galardonada con el Premio Breach / Valdez de Periodismo y Derechos Humanos, agrega que "el sistema legal está centrado en perpetrador y no en la víctima, “si se denuncia una desaparición el sistema se enfoca en encontrar al responsable de la desaparición y no a la víctima, por otro lado, porque es ineficiente aún a consecuencia de una mezcla de incapacidad por falta de recursos materiales y humanos, pero también una mezcla de desinterés e indolencia total”.


Agregó que más allá de un castigo punitivo, la experiencia adoptada a partir de recoger las historias de las víctimas y sus familias, indica que de cierta manera es imposible la reparación del daño. “Me quedó muy grabado lo que me dijo Leti Hidalgo, ella busca a su hijo en Nuevo León y plantea: supongamos que Roy está vivo y regresa, ¿con qué nivel de daño va a regresar, con qué nivel de daño vamos a vivir como familia?”.


Abundó que aquellos dilemas la han llevado a pensar en formas de justicia que no apelen a lo que el Estado puede dar sino a formas de justicia imaginadas desde la comunidad que realmente puedan responder a las necesidades de las personas que han sido víctimas.

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