“Nosotros los sismos los escuchamos. Al estar cerca de los puntos de subducción, de los epicentros, escuchamos cómo cruje la roca y cómo esa onda de ruido se mueve a través del lugar donde vivimos. Aquí tú puedes escuchar los sismos cuando vienen, algunas veces pareciera que es un camión frenando con motor en bajada”.
Esas son las palabras de Hamlet Torija Morales, elemento del Heroico Cuerpo de Bomberos de Oaxaca (HCBO) y habitante de La Crucecita, respecto a cuál es el impacto de un sismo y cómo lo percibe la gente en este destino turístico de La Costa.
Este ‘aviso’ natural a través del oído se ha desarrollado debido a que, precisó, en La Crucecita no hay un sistema de alerta sísmica. Y precisamente esa es la pregunta que más se hace la gente en este lugar.
“Nosotros interactuamos con cinco placas tectónicas y la zona de subducción se encuentra a 60 kilómetros de la playa de Chahué, entonces es una zona de las más sísmicas del país, de hecho casi siempre al final del año somos el primer lugar generador de eventos sísmicos asociados también a sus réplicas”.
Ahí la respuesta, para la que habría que añadir que, afirma Hamlet, “ya estamos acostumbrados, somos una población que convivimos con ese riesgo y que a través de la historia hemos ido aprendiendo”.
Vivir en torno al riesgo
Las placas tectónicas sobre las que se localiza el litoral del estado de Oaxaca han generado actividad sísmica a lo largo del tiempo, prueba de ello son las formas que tienen las montañas que delimitan al mar, moldeadas por causas naturales como la lluvia, la erosión y por supuesto los sismos.
Este perpetuo chocar de placas en las profundidades del mar influye también en la vida de los habitantes en esta zona sísmica.
“Esta condición de riesgo que tenemos nos ha dado la oportunidad de generar un esquema de respuesta pronta al ayudar a la gente”, señaló Torija.
Y así todos los días, por lo que el también Evaluador de Daños y Análisis de Necesidades para la Oficina Central de Desastres en Estados Unidos (USAID), bromea un poco con ese vivir en torno al riesgo.
“Vivir aquí es… te acostumbras, de hecho mucha gente tiene sistemas de alertas en los teléfonos y cuando escuchan un sismo de 5.5 y son familiares de nosotros pues nos llaman y nos dicen “¿oye estás bien?”, y ya tú le dices “mira, si no es de 7.7 para arriba no pasa nada”, contó entre risas.
En tono más serio, detalló que dependiendo la temporada del año, sobre todo en huracanes y lluvias, el peligro es mayor.
“Esta alteración que vemos en la corteza es resultado de ese choque permanente, la placa de Cocos se proyecta aproximadamente 400 kilómetros tierra adentro y de ahí es un corte vertical. El evento sísmico genera una inestabilidad en los suelos y si a eso le sumamos una gran cantidad de agua, entonces se eleva el riesgo de laderas inestables”, afirmó.
Es por ello que, como rescatista, ciudadano y especialista en sismología, asume la responsabilidad que le toca.
“Al vivir en una zona sísmica los retos son sobre todo para los sistemas de emergencia porque tienen que estar preparados para responder, siempre”, afirmó.
Cultura de la prevenció... ya casi
“Falta esa conciencia en la prevención, seguimos sin tener una mochila de emergencia, seguimos sin tener un sistema de comunicación que no sea sólo el teléfono; acá se cae la telefonía y quedamos totalmente incomunicados, pero hemos aprendido”, aseveró el especialista.
Y es que ante los hechos recientes que registran al menos un sismo por día de magnitud menor a los 5 grados en la escala de Richter, la probabilidad de un movimiento telúrico mayor se encuentra latente. Estar preparados es obligación.
“Existe la probabilidad de que un evento de gran magnitud sísmica se concrete, sumado a un tsunami que genere, en el peor de los escenarios según el Centro de Alertamiento de Tsunamis, olas de 20 metros, que es lo máximo. O aquí en Oaxaca por las condiciones llegarían olas de 10 metros, eso ya podría generar una condición de riesgo en el litoral. Saber actuar en esa situación es nuestro gran reto”, afirmó.
Es por ello que, a través de una actitud solidaria y empática, están en camino a fortalece un vínculo con la ciudadanía.
“Nosotros tenemos que generar esa conciencia en casa, esa es la parte clave. Te puedo decir que la comunidad en Huatulco, por ser una comunidad pequeña, trabajan de la mano con las autoridades”, concluyó.
