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Informarse acerca de los sismos en la Costa, clave para estar preparados ante un evento de gran magnitud

Foto(s): Cortesía
Redacción

Afirma Hamlet Torija Morales, bombero con más de 10 años de experiencia en el estudio sismológico y de tsunamis, que el caso del territorio oaxaqueño es muy peculiar por su naturaleza geológica y su ubicación geográfica.


“Aquí en la zona en la que se ubica Oaxaca es un choque frontal entre la placa de Norteamérica y la placa de Cocos. Entonces ese proceso de subducción hace que se acumule la energía y en algún momento ¡pum!, se libere”, narró.


Además del ya sabido riesgo que existe por la intensa y constante actividad sísmica, se suman los daños posteriores al movimiento telúrico. Esto tiene una explicación.


“La placa de Cocos, al ser una placa más densa, por ser oceánica, se mete por debajo de la placa de Norteamérica. El proceso de subducción es hacia abajo y libera energía, aquí a 60 kilómetros; nosotros estamos sobre la placa de Norteamérica, entonces este borde de contacto es el que genera la onda sísmica”, aseguró Torija.


Eso pasa en el Océano Pacífico y la Costa oaxaqueña pero… ¿Hay algún riesgo de un evento sísmico mayor que pueda tener injerencia sobre nuestro estado? Hamlet tiene una respuesta.


“Sí. Sismológicamente, sí. Por eso estamos esperando el evento de Ometepec, Guerrero, que es en la brecha sísmica de Guerrero. A lo que ocurre ahí le llaman “silencio sísmico”. ¿Y qué es un silencio sísmico?, pues la ausencia de eventos, no ha habido sismos en los últimos 80 años. El que venga puede ser devastador; imagínate un sismo de 8.2 ahí”, detalló.



 


Por esta razón, explicó, es fundamental que la gente, a través de las autoridades, se vincule con los expertos sismológicos para evitar ideas erróneas y enfocarse en lo realmente importante.


“No es que haya aumentado la sismicidad, lo que ha aumentado es el monitoreo de esa sismicidad. Cuando ves los números dices ‘ah chihuahua’, en 1980 se registraron 60 mil sismos, pero en el 2020 esos 60 mil sismos se registraron en los primeros cuatro meses. Antes no se contaba con la tecnología de hoy, incluidas las redes sociales”, dijo.


Añadió que “la situación es real, no es que estén aumentando los sismos, es que la tecnología tiene mayor posibilidad de estudio”.


Falta participación de autoridades


El papel de los habitantes en la práctica de las estrategias preventivas es considerado por especialistas como la base de una cultura de la prevención. Es decir, sin la participación de la gente no hay forma de trabajar. Afortunadamente, la sociedad está creando conciencia gracias a lo que ocurre en su entorno.


“La realidad es que tenemos que trabajar en lo que dice la ONU, que es la gestión en la reducción de riesgo de desastre y eso involucra a todos. Tenemos una población muy grande, lo único que falta es el encadenamiento por parte de las autoridades. Entonces lo que tenemos que garantizar es que las autoridades perciban el riesgo y ese es el problema más grave que tenemos; parece que solo nosotros, los cuerpos de emergencia, tenemos clara la percepción del riesgo”, precisó Torija Morales.



 


Ante esta situación, él desearía mayor participación de las instancias gubernamentales. “Falta mucho trabajo pero si tú hablas con algunos científicos, el trabajo es de educación, en general. La cultura de la prevención tiene que caminar hacia ese rubro”, aseveró.


Comunidad involucrada


La difusión de información sobre los daños que puede llegar a causar un sismo, ha despertado interés en la comunidad cuyas actividades están relacionadas directamente con el tema. 


“Pensamos que la gestión del riesgo es preventiva y es ahí donde también tenemos que incidir, entonces realizamos trabajos con los salvavidas, por ejemplo; primero nada más rescataban gente del agua, pero en ese proceso de compromiso comunitario ya no solamente fue rescatar gente del agua, sino también empezar a monitorear riesgos, a interactuar con el tema de mar de fondo, a trabajar con la percepción de sismos”, comentó Hamlet.


“La clave es el compromiso con la comunidad porque ellos son voluntarios y sin embargo ellos, cuando termina el evento sísmico, de inmediato se comunican e informan: 'ya evacuamos', 'ya estamos en zona segura', es decir, ya hay una evolución en cuanto al tema de la prevención y el trabajo coordinado”, concluyó.

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