El pueblo oaxaqueño ha demostrado tener la habilidad de sobreponerse a la adversidad.
El terremoto que sacudió a Oaxaca el pasado 7 de septiembre, cobró vidas y devastó localidades enteras; la naturaleza tiene el poder destruir parte de la civilización pero no a su gente, al menos eso ha evidenciado la historia.
El cronista de la ciudad, Jorge Bueno Sánchez habló para NOTICIAS, Voz e imagen de Oaxaca, acerca de los siniestros que han aquejado al estado a través de la historia y de la fortaleza del pueblo oriundo para recuperarse.
Oaxaca se sitúa en Mesoamérica, región sísmica que es afectada constantemente por los movimientos telúricos de la placa de Cocos.
Históricamente las culturas prehispánicas vivieron con estos temblores, según narra Buen Sánchez, el choque cultural con los españoles tuvo que pasar por un proceso de adaptación.
“Se les decía “sacudimientos”. Los mesoamericanos entendían que las construcciones debían de adaptarse a los movimientos naturales de la tierra.
Cuando llegan los españoles, iniciaron con la evangelización y con ella se levantaron cientos y miles de construcciones religiosas, muchas de ellas sobre templos de culturas prehispánicas, que con los temblores se han visto afectadas a lo largo de la historia.
Constantemente se pierden campanarios, bóvedas, torres; las iglesias quedan como ruinas y es entonces cuando se puede observar que usaron los teocallis (pirámides mesoamericanas donde se realizaban rituales religiosos) como bases para sus construcciones.
La adaptación que tenían los pueblos prehispánicos a la naturaleza del país ha permitido que las zonas arqueológicas hayan perdurado a través de los siglos y de las catástrofes.
El cronista de la ciudad explicó que los terremotos son parte de la historia de Oaxaca y de el país.
“Durante los últimos 500 años se han registrado en promedio un terremoto cada 10 años. Los ciclos entre ellos han sido desde un día primero y tercer día de un mismo mes o el intervalo más largo entre dos terremotos fue de 1808 a 1927. En la memoria sólo recordamos los recientes".
"El de 1931, el epicentro fue en la costa de Oaxaca, en ese entonces la ciudad oaxaqueña fue destruida un 10 a15%, ese y otros sismos nos ha dado la experiencia y hemos sabido luchar contra la adversidad."
Existen generaciones que han vivido en carne propia varios terremotos, desde el de 1975, en la madrugada del 28 de julio cuando se dañó el ángel de la independencia. Y el que más había perdurado en la memoria hasta ahora, el de 1985.
Jorge Bueno estima que en Oaxaca quedan 8 edificios del siglo XVI; 20 del siglo XVII; y 50 del siglo XVIII, el resto se han ido acabando con los sismos y es así como la naturaleza ayuda de alguna manera a limpiar los espacios de la historia vieja para darle espacio a edificios que forman parte de la nueva historia.
