El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió una vez más a la policía de Texas el jueves, esquivando su pronunciamiento sobre el racismo y la brutalidad policial tan esperado después de semanas de protestas que sacudieron al país.
Desde el inicio de las manifestaciones, el mandatario republicano alabó la "ley y el orden", pero se mantuvo muy discreto sobre la indignación, la ira y la necesidad de un cambio que se apoderó de decenas de millones de ciudadanos tras la muerte del afroestadounidense George Floyd bajo las rodillas de un policía blanco.
Durante un viaje a Dallas, mencionó, sin entrar en detalles, un decreto en preparación para "alentar" a la policía a ser lo más profesional posible. Pero defendió esto último, haciendo hincapié en la necesidad de una fuerza policial "más fuerte".
"Siempre hay ovejas malas donde quiera que uno vaya. Y puedo decirles que no hay muchas en la policía", aseguró, nuevamente reivindicando su controvertida fórmula sobre la necesidad de "dominar las calles".
"Nosotros dominamos las calles con compasión", afirmó.
Trump también advirtió contra lo que considera generalizaciones abusivas.
"Debemos trabajar juntos para luchar contra la intolerancia y los prejuicios dondequiera que estén, pero no progresaremos ni curaremos nuestras heridas al etiquetar erróneamente a decenas de millones de estadounidenses honestos como racistas o intolerantes", dijo.
En Washington resuena desde hace días la idea de una fuerte iniciativa presidencial, como un discurso solemne para abordar la cuestión de la discriminación racial en el seno de la primera potencia mundial. Pero hasta ahora no ha habido nada.
En todo el país, crece el debate sobre la necesidad de un cambio profundo en la cultura dentro de la policía estadounidense.
"¡Por favor, escuchen!"
"¡Por favor, escuchen el clamor que viene de la calle!", dijo el miércoles el hermano de George, Philonise Floyd, al Congreso, implorando a los legisladores que adopten reformas significativas.
El proyecto de "Ley de Justicia y Vigilancia", respaldado por más de 200 legisladores, principalmente demócratas, prevé crear un registro nacional para los oficiales de policía que cometen errores, facilitar los procedimientos legales contra los oficiales y repensar su reclutamiento y capacitación.
Pero el futuro del texto en el Senado, donde los republicanos son mayoría, es muy incierto.
