Los habitantes de las once cuadras que conforman la Colonia Libertad, asentada alrededor del Mercado de Abasto, tienen una preocupación común: la delincuencia.
En esta parte de la capital, a diario se cometen entre seis a diez robos a transeúntes, a vehículos y a comercio amparados por la orfandad de seguridad en la que viven.
Estos callejones que se forman por la urbanización, son recovecos perfectos para que los delincuentes se escabullan. FOTO: Giovanna Martínez
“Esto es completamente una boca de lobos”, afirma Guillermina, quien vive en esta colonia desde hace más de 40 años, mucho antes de que el mercado rompiera la tranquilidad.
Quienes habitan en esta zona, señalan que cuando se planteó la instalación de la Central de Abasto en el espacio que ahora ocupa, que en ese entonces era lo más alejado del centro de la ciudad, nunca se imaginaron que sus entrañas atraerían asaltos, robos, tráfico, contaminación.
Seguridad por mano propia
Un silbato, el única arma ciudadana contra la delincuencia. FOTO: Giovanna Martínez
Sujeto a un llavero, cuelga el silbato con el que Guillermina ayudó a dos personas para evitar que las asaltaran.
--Mire, es éste, aquí lo traigo -su mano levanta las llaves y el silbato a la altura de sus ojos-. Así por lo menos hacemos ruido y los vecinos salen a ayudar.
--¿Han logrado detener a algún delincuente?
--Sí claro. Yo ya rescaté a dos: a una señora que venía gritando que le habían quitado el celular. Toqué el silbato, salieron los vecinos. Lo que hizo el ratero fue aventar el celular. La segunda vez fue un muchacho al que estaban asaltando afuera de su casa. Toqué el silbato y lo dejaron. Lo tenían agarrados dos hombres y una mujer.
--¿Por qué llaman a la policía?
--Le voy a contar algo. El otro día estábamos haciendo tequio y cuando vimos un muchacho con las manos en el estómago diciendo: me acaban de picar. Buscamos a la policía y nada. Nunca hay elementos para ayudar.
--¿Siempre ha sido así de peligroso?
--No, eso es lo que yo extraño, la tranquilidad. No había nada de urbanización. Por aquí estaban las vías, había huertas. Nos destruyeron nuestra paz, todos los árboles y laureles que habían. Todo lo más bello que teníamos nos quitaron por poner la central de abasto y central camionera. Sí tenemos las cosas más cerca pero ahora sí que tenemos que llevar el dinerito muy escondido. A una vecina casi le arrancan el pezón por sacarle el dinero del brasier. Estamos en un lugar muy peligroso.
Módulo de policía abandonado
Aunque dentro de la Central de Abasto y sus alrededores se ubica uno de los puntos rojos por delincuencia, desde hace poco más de dos años el módulo de vigilancia de la policía municipal quedó abandonado.
El inmueble establecido justo en el puente Valerio Trujano, es hoy una más de las guaridas de la delincuencia, rodeado de basura y cubierto de pintas.
“Aquí suben y bajan las personas de la tercera edad, pero ahí nada más está esperando la delincuencia para asaltarlos”, expresa Don Rafael, vecino de la colonia Libertad, quien ya ha sido víctima de la delincuencia en más de tres ocasiones.
Don Rafa vive en la añoranza de la colonia tranquila en la que vivió. FOTO: Giovanna Martínez
Don Rafa es un hombre menudito, revestido en siete décadas. Suelta palabras e ideas en cascada. Es de pocos ademanes. Sus recuerdos lúcidos evocan imágenes de la Colonia Libertad antes de la llegada del mercado.
--Aquí era puro terreno, tenemos como 65 años que se hizo este asentamiento humano. Nos sentábamos como si estuviéramos en el monte, era una paz hermosa.
--¿Era un lugar tranquilo?
-- Sí claro, ahora no. Sobre todo esta calle, la Cuauhtémoc, la habían agarrado los delincuentes como salida porque la calle topa con el puente y de allá para acá los carros no pueden bajar y de acá para allá los carros no pueden subir. En los últimos días ha estado tranquilo pero al menos yo siempre estoy atento. Escucho ruidos y salgo con palo, con lo que sea. Realmente la delincuencia nos ha rebasado a todos.
Don Rafa y su familia no se han salvado de la inseguridad. Frente a él, su esposa hoy fallecida, fue asaltada. Le arrebataron sus aretes. “Veníamos en la banqueta sobre Periférico, nos acompañaba mi cuñado y concuña. De reojo vi que un joven venía atrás de nosotros, le dije a mi esposa: van a pasar. Ella lo que hizo es hacerse a un lado. El amigo ese le arrancó los aretes y cuando yo reaccioné el ratero ya iba lejos”.
María está cansada de la inseguridad en esta parte de la capital; han cristaleado su coche por lo menos seis ocasiones. FOTO: Giovanna Martínez
María, también vecina de la colonia Libertad, ha sido uno de los principales blancos de la delincuencia. En seis ocasiones le han dañado su vehículo. Las constantes denuncias ante el ministerio público no han servido de nada más que para hacer corajes, expresa.
--Ya me lo han cristaleado como seis veces. Ya se han llevado la caja de herramientas, le quitaron los tapones, hace poco le sacaron el estéreo y hasta le rompieron el tablero. Se llevaron todo lo que tenía hasta los papeles. Ya luego los encontró el señor de la basura unas cuadras más adelante.
--¿Usted no anda con su silbato?
--No. Si me encuentro un ratero sí le voy a dar y me las va a pagar por todas las que me han hecho
--¿Y si te da a ti?- Agrega alarmado don Rafael.
--No. Hay que amachinarse.- Señala María y se echa a reír, pues ante su tragedia, no les queda de otra más que aguantarse.
Guarida de lobos
La calle de Prolongación de Magnolias -de acuerdo con denuncias ciudadanas- se ha convertido en la guarida de los delincuentes. Por 20 pesos tienen acceso a protección en una casa de huéspedes. Los rateros se refugian durante la noche en este punto después de haber cometido sus fechorías.
A inicios de año, la delincuencia profanó la capilla de los vecinos de la Libertad o ermita de las Tres Reinas ubicada debajo del Puente Valerio Trujano. Los delincuentes se llevaron tres Vírgenes, una de la Soledad, otra de Juquila y otra más de la Guadalupe.
