Los distritos de Tlaxiaco, en la región de la Mixteca, Zimatlán en los Valles Centrales, Ozolotepec en la Sierra, los Chimalapas en el Istmo y la región de la Costa, son las zonas de donde la tala ilegal alcanza su cúspide más alta.
Ser un área en conflicto o afectada por plagas, o contar con autoridades agrarias que carecen de reconocimiento, son los factores ideales para la tala indiscriminada y sin control legal en Oaxaca.
La experiencia como consultor ambiental le permite a Salvador Anta Fonseca, identificar esas zonas críticas donde la extracción de madera escapa del control de las autoridades y contribuye a la deforestación.
La biodiversidad de Oaxaca es tal que en sus nueve millones de hectáreas de territorio se encuentran las once formaciones forestales consideradas a nivel nacional: selvas altas y medianas, coníferas y latifoliadas y selvas bajas, así como 23 de los 32 tipos de vegetación que existen en el país.
Esa riqueza ha particularizado el mercado ilegal de la madera.
Y es de los bosques de la región de la Costa, donde ha aumentado la demanda de madera para el mercado chino.
El también integrante del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible entiende que a diferencia de otros estados, donde la tala ilegal es controlada por grupos del crimen organizado, en Oaxaca existe por las debilidades de las asambleas comunitarias o los comisariados ejidales o comunales.
“En Oaxaca, la tala ilegal se da en donde el sitio no tiene documentación agraria o propiedad legal para las comunidades”, pero también donde “no existe la asesoría técnica suficiente” o incluso algunos casos que se aprovechan de los permisos que se expiden para sacar madera dañada por plagas.
Es en el distrito de Tlaxiaco, donde existen predios que a falta de su establecimiento legal de la propiedad de la tierra se extrae de ahí madera ilegal, pero es la que viene de la zona de Zimatlán la que abastece la venta en el mercado de la Central de Abasto.
Otra zona preocupante es la región de Los Chimalapas, el área de conflicto con Chiapas, en la cuenca alta de Copalita en la Costa y en los Ozolotepec en la Sierra.
En todos los casos, lo que se requiere es ofrecer mayor asesoría técnica para que las comunidades entiendan los alcances del aprovechamiento sustentable que incide en el cuidado de la biodiversidad y de las microcuencas.
