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Atoyac, mancillado; amo y señor de Valles Centrales

Foto(s): Cortesía
Redacción

Esteban Aquino López, un campesino de 72 años de edad, descargaba desechos de plantas y hojas que llevaba en su camioneta y los arrojaba sobre la rivera del río. El hombre vive a 150 metros del Río Atoyac, en el municipio de San Agustín de las Juntas. Con él, su esposa, su hija, su yerno y un nieto.


- El olor del agua no nos deja dormir – reconoce – por las noches se forma como una neblina sobre el río y por las mañanas las fosas nasales amanecen como si hubiera quemado leña, como si el humo negro se pegara a las fosas nasales.


El hombre relata que vive desde hace más de siete años en este lugar y “bueno uno se adapta”.


Esteban Aquino es uno de los miles de pobladores que habitan en las cercanías del Río Atoyac, considerado la columna vertebral de Oaxaca, con alrededor de 396 kilómetros de longitud, pero que a su paso por los municipios de la región Valles Centrales se convierte en una enorme cloaca, en ello lo han convertido municipios de la zona metropolitana de Oaxaca de Juárez, incluida la capital del estado, puesto que diariamente se arrojan aguas negras sanitarias, basura y residuos de líquidos domésticos, comercial e industrial.


Planta inconclusa


A esta hora, el olor es soportable. A unos metros, hay una planta de tratamientos de aguas residuales inconclusa. –


“Las autoridades nos dicen que está en un 60 o 70 por ciento de avance” – dice Esteban. Hace alrededor de siete años, se construyó una barda de contención y se colocaron enormes tubos para el desagüe de las aguas residuales; pero todo se fue con la inundación, así como sus propiedades.


Nocivo


El estudio La problemática del río Atoyac en San Jacinto Amilpas realizado por los investigadores Manuel Gorgonio Ramírez, Juan Alberto Luna Ramos y Raymundo Vásquez Aguilar, revela que la contaminación rebasa los límites permisibles en grasas y aceites (15 mg/I) y la demanda bioquímico de oxígeno (150 mg/I) que establece la Norma Oficial Mexicana NOM-001-ECOL-1996.


Además, el líquido que llevas es altamente alcalino que lo convierte de difícil tratamiento mediante procesos biológicos.


Inundación y zika en Xoxo


En la colonia Reforma Agraria, perteneciente al municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, Felipe Victoria, un trabajador del transporte público foráneo de 60 años de edad, afirma que los malos olores se incrementan durante la noche; pero el problema mayor es la inundación de aguas negras por las malas condiciones del drenaje: “no hay mejora en la limpia, nos echan aguas negras, ahorita anda mucho el zika”.


Aunque para él y su esposa, un problema que padecen es la constante inseguridad en la zona y la incapacidad de las autoridades municipales para, por lo menos, cambiar los focos a las lámparas del alumbrado público. “Cristalean los carros, se roban los tanques, es un peligro para los que vienen en la noche de sus trabajos”.


Invasión de las riberas


El crecimiento población en la ciudad de Oaxaca y sus municipios conurbados ha provocado que la mancha urbana alcance las riberas del Río Atoyac. En cada uno de sus costados, viviendas se han colocado incluso con el riesgo a sufrir inundaciones; sobre el mismo cauce seco, algunas personas han improvisado sus viviendas con plásticos y palos, como especie de casas de campaña.


Debajo el puente Bicentenario de la Independencia 1810-2010, frente a la Central de Abastos, Juan Ramírez trabaja: sin camisa; en short está dentro de las aguas negras del río, saca arena con una pala. Originario de Río Grande, de la región de la Costa de Oaxaca, llegó a la capital del estado hace 35 años a “chambear porque no había mucho trabajo”; desde entonces, trabaja en la extracción de arena del Río Atoyac, primero con una organización que se llamaba Flores Magón y que, tras su desaparición, se ganó el derecho a tener una franja para explotarla. “Había una organización y nos separamos, ahora cada quien cuida su tramo”, explica.


Juan Ramírez pasa en promedio dos horas continuas entre el agua sucia que avanza por el cauce del Río Atoyac, tiempo en el cual apenas alcanza para sacar unos montículos pequeños de arena negra. Esto ha traído consecuencias en su salud – “me lloran los ojos y la piel se pone blanca” – nos dice mientras rasca con su uñas su antebrazo, como para demostrarnos que no miente.


Ahora tiene 68 años y cuatro hijos que lo visitan regularmente; vive solo en un cuarto que renta a 500 pesos mensuales. La venta de arena “está jodido, no hay venta”, dice: a su costado un bloque de arena como de cuatro metros, cada metro cuadrado de arena lo vende a 80 pesos. A sus espaldas, hay una construcción como casa de campaña, elaborada en su mayoría por plásticos y palos. Al principio creímos que él vivía ahí.


- Ahí viven esos que andan a ver qué agarran – nos informa para no tener qué decir abiertamente que se dedican al robo. - Si quieren hablar con ellos ahí están -, nos dice.


Del río del ensueño a hedor insoportable


Cuando Domitila López López era niña y acompañaba a sus padres a la venta de tortillas y leña a la ciudad de Oaxaca, procedentes de San Andrés Ixtlahuaca, el río aún estaba limpio. “Ahí nos bañábamos”, recuerda. Ahora, dice, se ha descompuesto y compara con la última vez que debieron cruzar por las aguas negras del afluente y que propició “que sus pies se llenaran de hongos”.


La vivienda de Josefina López, hija de Domitila López, ubicada en la colonia Nuevo México en el municipio de San Jacinto Amilpas, se ha inundado por tres años consecutivos con las aguas negras destinadas a llegar al Río Atoyac. En esta ocasión se han organizado entre los vecinos para colocar una salida a las aguas residuales e impedir otra inundación.


“Tenemos 30 años de vivir aquí y seguimos en las mismas. Nosotros nos rascamos como podamos, porque nos apoyan. Sufrimos de hongos porque debemos cruzar el río, nos prometieron un puente, pero nos engañan todo el tiempo. Si tenemos que pasar, lo hacemos cuando se puede o cuando hay piedras para que podamos caminar. No aguantamos los olores. Nos dijeron que nos iban a pavimentar aquí, ahorita ya va de salida el presidente y no nos dio nada. El que va a entrar nos dice lo mismo. Nos lavan bonito el coco y no cumplen”.


Hedor insoportable


Josefina López y su familia, al igual que decenas de familias, que habitan en las cercanías de las riveras del Río Atoyac, sufren por el olor insoportable que expiden las aguas negras del Río Atoyac y que aumenta en los días calurosos o por las noches.


“La pestilencia, las aguas negras están asquerosísimas. La gente es tan marrana, disculpe la palabra, marrana y asquerosa, la gente va a tirar la basura en el árbol. Siempre hemos visto eso, los vecinos van a tirar la basura, de qué sirve que uno les diga que limpien, no hacen caso”.


Atoyac es un topónimo náhuatl que significa "Agua que corre"


Conforma la cuenca hidrográfica Río Atoyac-Verde


Irriga 121 municipios


Transita por 7 distritos

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