SAN BARTOLOMÉ AYAUTLA, TEOTITLÁN DE FLORES MAGÓN, Oaxaca.-Los materiales de las viviendasson incapaces de contener el frío invernal que se introduce por los huecos de techos desgastados y cala hasta los huesos, paraliza el cuerpo de sus habitantes como mil cuchillos que atraviesan la piel.
Enclavado en la sierra mazateca, rodeado de montaña y verdor está San Bartolomé Ayautla, aquí duele el hambre y marginación que padecen sus habitantes.
“Bajo las nubes” es el significado de Ayautla, el paisaje que se mira es sinigual, pero contrasta con las carencias que enfrenta el 70 por ciento de los 4 mil 500 habitantes.
El centro de la población proyecta una imagen que no concuerda con el informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que lo ubica en el deshonroso lugar 13 de la lista de los 15 municipios con pobreza extrema en el país y cuya mayoría son municipios oaxaqueños, dos de ellos de esta región de la Cañada.
Pero basta caminar hacia zonas retiradas para constatar la realidad: casas levantadas con lámina galvanizada, de varas de barra y lodo, de palma y una que otra de tabique.
Vivir con hambre
Para introducirte a esta localidad hay que recorrer una hora en vehículo desde Huautla de Jiménez, perteneciente al distrito de Teotitlán, en la sierra mazateca. La tarde empieza a caer, el sol a esconderse entre las montañas y el termómetro a descender, recortando el duro panorama.
En una vivienda ubicada en una ladera la señora Laura Pitero Ortiz invita a pasar a su pequeña cocina, sostenida apenas con cuatro morillos y láminas ennegrecidas de tanto humo, ahí mantiene encendido un fogón para defenderse del frío.
La mujer no habla ni entiende el español porque nunca conoció la escuela; en su legua natal, el mazateco, y a través de dos traductoras, la regidora de obras Edna Guadalupe y la secretaria municipal, Claudia Zamora, contesta las preguntas planteadas por la reportera.
-¿A qué se dedica ?
- A nada, tiene ocho años que dejó de trabajar porque se enfermó, dice que te diga, menciona la traductora.
-¿ Y qué le pasa?, devuelve la reportera
-Le detectaron diabetes y presión alta, no puede ir al médico, las medicinas son muy caras; por eso se aguanta los dolores, solo tiene un hijo que la ayuda, pero no le alcanza el sueldo de campesino o como peón.
En casas de lámina y palma los habitantes pasando frío en invierno e inundaciones durante las lluvias
El estómago vacío
Para amenizar la plática y sugerir compartir una taza de café, se le pregunta qué cocina para la cena de esa noche.
-¡Nada!, responde a través de la interprete, “Esta noche no tienen nada que comer, tal vez tortillas duras y agua pintada de café"!. Ese día, el patrón no pagó los 50 pesos diarios por una jornada de 8 horas que trabajó su hijo, Isidro Negrete.
La señora Pitero, de 62 años de edad, dice que no le gusta vivir así, sin nada, sin un peso en la bolsa y la incertidumbre sobre qué comer al día siguiente, pero su enfermedad la ha limitado al grado de impedirle la agilidad y fuerza de antes. Entre el dolor y hambre, estruja el estómago para no decaer.
La mujer entrelaza las manos, pero no se aleja del fogón que es su único alivio; relata que apenas, en febrero pasado, se murió su hijo Esteban Negrete a los 25 años de edad, tenía un tumor en el estómago, no podía hacer del baño y el médico que atiende la casa de salud fue incapaz de hacer algo porque aquí, en Ayautla, aparatos y medicinas no hay.
Las mujeres solas
Al otro extremo de la vivienda de la señora Laura se encuentra la de Paula Morales Maldonado, de oficio campesina; la mujer habita una choza de palma llena de huecos y ranuras donde el frío invernal atraviesa con fuerza y las lluvias de verano la inundan. Vive sola.
Hace 9 años la tragedia familiar: el marido falleció y cuatro hijos la abandonaron para buscar suerte, migraron de Ayautla.
Paula estira los brazos tratando de relajarse para contener el llanto, también requiere traductora para darse a entender, dice que no tiene contacto alguno con sus hijos y mucho menos alguien con quien compartir su soledad.
Pese a su desgracia, Laura es beneficiaria del programa Prospera de Sedesol, le otorgan 950 pesos mensuales y ello sirvió para sembrar y cosechar algo de maíz. Clima y plagas devastaron la mitad de su cultivo, lo que logró salvar espera sirva hasta el próximo año; mientras, tortillas no le faltarán para comer.
En busca de mejorar sus condiciones, mujeres buscan patentar sus bordados.
Prohibido enfermar
De acuerdo con Edna Guadalupe, regidora de Obras, y Claudia Zamora Flores, secretaria municipal, este población tiene 4 mil 500 habitantes, divididos dos agencias: La Providencia y la Soledad, así como tres congregaciones: San Martín, Piedra Ancha Cafetal y la Carlota.
Todos los habitantes carecen de drenaje y agua potable, esta última se debe trasladar a través de mangueras conectadas a fuentes de abastecimiento natural.
Luz eléctrica abastece a 70 por ciento de la población, aunque son contados los habitantes con aparatos electrodomésticos, la mayoría cocina con fogones de leña.
Las funcionarias municipales señalan que la mayoría de los habitantes se dedican a la agricultura; cultivan maíz, frijol, chayote, calabaza y mamey; las mujeres se dedican al hogar, “aquí un campesino debe aceptar lo que el patrón les de, que no pasa de los 45 o 50 pesos"
En la localidad solo hay una casa de salud, pero carece de médico de planta y los medicamentos son insuficientes, a tal grado que en Ayautla no les está permitido enfermarse.
La regidora Edna afirma que “Muchos emigran es su única posibilidad, tenemos casos donde hay matrimonios que se van a trabajar y abandonan temporalmente a sus hijos pequeños”.
La miseria en la que viven habitantes de Ayautla se palpa a simple vista.
Mujeres emprendedoras
A pesar de sus necesidades, esta población no esta conforme mientras las cifras los sumen en un callejón sin salida y las autoridades de gobierno les dan paliativos.
Las dos regidora, han emprendido una iniciativa para patentar el bordado maya artesanal, histórico y que da identidad a este municipio.
Herminia Flores es un ejemplo de que cuando se quiere se puede, su habilidad con la aguja e hilo plasma en telas de manta las flores y aves que habitan en la región y aunque su trabajo es malbaratado, organizaciones no gubernamentales como la Fundaci´ón Harp Helú apoya su artesanía.
