En un escenario inédito, en medio de la contingencia por la pandemia de COVID-19 y las agresiones que debieron sortear en el Istmo de Tehuantepec, hoy 7 mil 250 personas concluyen con el Censo 2020 que aplica el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
A pesar de que en la fase final del censo el resguardo domiciliario recomendado por las autoridades de salud hizo más probable localizar a las personas en su casa, el miedo a un contagio o a un robo dificultó la labor de encuestadores.
“Hay gente que está en su casa y ya no los quieren recibir”, relata Danae, una joven de 23 años que se dio de baja temporal en la licenciatura de Biología para emplearse como encuestadora.
En Oaxaca, el INEGI empleó a 7 mil 250 personas, desde un subdirector estatal de estadística, líderes de proyectos, coordinadores de zona y municipal, así como responsables de área, instructores, supervisores y 5 mil 502 entrevistadores.
Danae es parte del 61% de personal femenino, con 8 años menos que la edad promedio, 31 años, de quienes participaron en el censo.
Ese ejército de encuestadores debía censar a 4.1 millones de personas que viven en 1.8 millones de inmuebles, de los cuales se estimó que 1.2 millones son viviendas habitadas.
Miedo al contagio
El reto era encuestar al menos 10 casas por día que tan luego inició el censo el 2 de marzo, Danae logró sin problemas.
La contingencia por el COVID-19 le representó “un cambio drástico, además del contagió, algunas personas al abrir la puerta le expresaron su desconfianza de utilizar “la información en su contra”.
Agregó: “Hay gente que desde el lunes 16 ya no nos está recibiendo. Nos estaban apurando para cerrar las manzanas, pero la gente no quiere abrir” y responder en promedio 70 preguntas, ya sean 38 del cuestionario básico o 103 del ampliado.
Su jornada iniciaba a las 8:00 horas y concluía a las 20:00 horas para recibir un pago quincenal de 5 mil pesos, cantidad similar que recibieron en febrero por una capacitación de dos semanas y media.
Las agresiones a encuestadores reportadas en el Istmo hicieron que el horario de cierre se redujera a 18:30 horas y los fines de semana a 16:00 horas.
Danae no sufrió agresiones físicas, pero sí acoso en la calle, “me han chiflado y seguido”, pero dijo que el dispositivo que registra las respuestas de cada encuestado tiene un botón de pánico, además de que conocen su geolocalización.
De las casas que visitó en los últimos días, en dos le dijeron que las personas estaban enfermas y ya no fue necesario entrevistarlas, “para evitar riesgos”.
