Una etapa crucial en la formación humana; un período de errores y un lapso de aprendizajes; una oportunidad para crecer o para perder. Así interpretan la juventud quienes atraviesan por ella en Oaxaca.
“Aunque suene muy trillado, somos el presente y el futuro del país. Los ideales que nosotros tengamos y las acciones que realicemos se reflejarán en las directrices que tomará el Estado en 10 o 15 años. Es por ello que no debemos tomar a la ligera esta etapa, es cuando más debemos aprovechar la vida, pero con responsabilidad”, asevera Ariel Gutiérrez, activista indígena en derechos humanos, quien a través de talleres y conferencias, busca contagiar a su comunidad del hambre de justicia.
Él, igual que miles de jóvenes oaxaqueños, cree fervientemente que la juventud debe acompañarse de metas y triunfos. Explica que las oportunidades para entorpecer el camino están a la orden del día, pero piensa que el mejor ejemplo que se puede dar a quienes vienen detrás es enaltecer la ética y la humanidad.
Ello, lo resume Karla Bejarano, activista juvenil, creadora del movimiento Aterrizando Sueños, orientada a cumplir anhelos de niños con enfermedades terminales.
“Debemos ser un ejemplo. Contagiar el amor por los demás. Aprender a servir y ser humildes”, refiere.
Etapa clave
Martín Carreño es un joven que se condena por desperdiciar "muchos años" de esta etapa, cae en esta sentencia 9 meses después de estar internado en un centro de rehabilitación para drogadictos.
"Cuando vas creciendo conoces muchas cosas. Sales y te topas con la vagancia, el alcohol, vives al día, sin buscar un propósito, sin preocuparte por el futuro. Y es una tarea muy gruesa para los padres porque buscan cuidarte y llevarte por buen camino pero una vez que sales al mundo exterior, recae en ti la decisión de qué vas a hacer", menciona.
Pobreza y desamparo
Martín es muestra de las dificultades a las que se enfrenta un joven en Oaxaca. Originario de San Juan Yovego, Sierra Norte, rememora que desde pequeño dejó el estudio, pues la condición económica de su familia le obligó a trabajar.
Y es que de acuerdo con el Instituto Estatal de Educación para Adultos (IEEA), 2 de cada 10 niños no cursan la primaria y 3 de cada 10 jóvenes no estudian la secundaria. La causa principal: la pobreza.
"Yo trabaje de albañil, de pintor, me ponía a lavar trastes, a hacer aseo; maneje camiones y taxis. Si hubiera estudiado creo que hubiera encontrado mejores chambas", dice.
Sin embargo, Ariel le contradice. En Oaxaca, la juventud tiene pocas oportunidades, provengan de donde provengas.
"Los empleos sin derechos no son solo para quienes no pudieron acceder a estudiar el bachillerato o universidad. Yo he trabajado de mesero, haciendo aseo y de cajero, a pesar de que he tenido oportunidades de superarme", refiere el joven, abogado de profesión.
Futuro, camino trazado
Aún así, insiste en que el futuro de un joven, a pesar de la pobreza, marginación, inseguridad y olvido institucional, es marcado por uno mismo.
"Es cierto, las autoridades han fallado, pero más cierto es que muchos de los que nos hemos superado porque nos inspira un objetivo. Hay que preguntarnos ¿Cuál es nuestro objetivo en esta vida?. Yo rechazo que una persona nazca para perderse en el alcohol, en la corrupción, en la delincuencia. Yo creo que todos tenemos una aportación muy grande que hacer a la humanidad", refiere.
Karla Bejarano, tiene 8 años de activismo social a favor de niños y niñas enfermos, mujeres en situación de violencia y jóvenes en situaciones vulnerables. Las carencias sociales no fueron su adversidad, sino otras.
"Mi autoestima estaba muy baja y me costó mucho trabajo descubrir y aceptar que yo tenía habilidades y más que todo empezarlas a explotar. Me costaba mucho, por ejemplo, hablar en público, organizar; creerme capaz de convocar y hacer cosas grandes para ver sonrisas en la gente que antes no las tenía", rememora.
Karla confía en la juventud oaxaqueña, que lejos de desperdiciar esta etapa, puede enaltecerla.
“A pesar de todo lo que se diga, de política y problemas sociales, creo que aún hay gente buena que puede y busca dar de su tiempo y hacer la diferencia”.
¿Qué dice la ONU?
El 12 de agosto de 1985, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) conmemoró el primer año Internacional de la Juventud y aprobó el Programa de Acción Mundial para los Jóvenes.
Este documento planteó la necesidad de revisar el quehacer gubernamental y social en 10 dimensiones básicas para el desarrollo de la juventud: educación, empleo, pobreza y hambre, salud, medio ambiente, uso indebido de drogas, delincuencia juvenil, actividades recreativas y, finalmente, la participación plena en la vida de la sociedad.
