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El Seco... el infierno del invierno que viven indigentes de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Luis es un hombre de edad adulta y rostro nostálgico; su dormitorio para este invierno está a la intemperie del estacionamiento de la Central de Abastos; su cama es un pedazo de cartón con papel periódico y dos cobijas desgastadas y sucias han sido su abrigo durante las gélidas noches con temperaturas cercanas a los cero grados en Oaxaca.


Luis no recuerda su edad ni sus apellidos. Entre 40 y 45 años, dice. Se describe a sí mismo como un alcohólico que ya no toma, refiere que le dicen El Seco y sonríe apenado al señalar que a veces se le olvida su propio sobrenombre. "No me doy cuenta que me hablan a mí", confiesa.


Su aspecto raquítico y la mirada ensimismada dan muestra de la soledad y la miseria que atraviesa día a día. Se frota las manos y comienza a balancearse para entrar en calor: "Está bien feo ahora, con un chingo de frío y aire (sic)", expresa al cuestionarle cómo la ha pasado con las bajas temperaturas.


Luis Ignora que hay un albergue habilitado para las personas sin hogar en la zona norte de la capital. Tampoco le interesa buscarlo. "No sé donde queda hasta allá, luego no puedo regresar; si me voy capaz que me agandallan mi lugar", previene.


El Seco no es oaxaqueño pero lleva 20 años viviendo aquí. Con sus manos escondidas en las bolsas de su chamarra relata su origen en el estado de México y su vida alocada desde la juventud. Con sus desatinadas confesiones también señala su estancia en el país vecino y la travesía de mochilero que lo trajo a la entidad; fue un golpe o quizá el alcohol lo que le ocasionó la amnesia que ahora padece.


Luis sonríe timidamente, tiene un pedazo de pan bolillo y un vaso de unicel con café caliente a su lado, lo ofrece a su interlocutor. Luis es solidario y risueño. Comenta que algunos comerciantes y policías le regalan bebidas cuando el clima helado comienza a sentirse.


"No, la gente que pasa no", responde al preguntarle si los transeúntes le ofrecen ayuda o realizan algún acercamiento. Detalla que las personas evitan mirarlo y caminar junto a él. "No sé por qué; yo ni les hago nada", dice. Luis no recuerda que personal gubernamental le haya brindado alguna vez un gesto de solidaridad durante sus 20 años viviendo en la calle.


Las temperaturas en la capital oaxaqueña permanecerán bajas; la Comisión Nacional del agua indica que descenderán a menos de 5 grados por las noches y al amanecer, las ligeras lloviznas y heladas han aterrizado en las zonas montañosas de la entidad.


Ante ello, decenas de indigentes tendrán que hacer búsquedas exhaustivas de papel periódico y cartón para aminorar el frío y viento nocturno. Si bien, hay un albergue habilitado en la capital, muchos de ellos prefieren estar en las calles cuidando sus banquetas, compartiendo cobijas entre sí y esperando una bebida caliente de algún samaritano.

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