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Un oaxaqueño extraordinario

Foto(s): Cortesía
Redacción

Nació en El Camarón, Yautepec, Oaxaca. A los 8 años de edad quedó huérfano; su imaginación lo llevaba a dibujar en el aire siluetas, árboles, animales; lo que vendría a su memoria era una poesía: su vida.


Quería pintar sin conocer los colores, sin saber dibujar. Insistía en ser alguien, mas no sabía cómo lograr su propósito. Le faltaba alguien quien lo dirigiera; soñaba con el color, pero no lo podía plasmar. Era un niño en el desierto, no encontraba eco a su pregunta. Y vino la lucha llena de penalidades y desesperación, que lo orilló a tomar una decisión para llenar el espacio económico; no encontraba dónde trabajar; encontrando unos amigos se unió con ellos para emigrar a los Estados Unidos, en busca de una mejor vida o forma de vivir. Este es Javo Escudero.


Trabaja en un restaurante, como jardinero, lavaplatos y lo encuentra la migra y regresa al suelo oaxaqueño; las angustias e inquietudes lo llevan a conocer a un maestro. Este es Amador Montes, entablan conversación de los gustos, las ansiedades por querer plasmar ya algo en serio. Pues al parecer, fue un niño hiperactivo.


La academia y el descubrimiento del color


Proviene el interés por aprender; ya con el maestro Montes, las líneas que tiraba al aire se vuelven reales en el lienzo, así me voy inspirando; en poco tiempo descubro el color, los rojos, los azules, lo abstracto sacude la mirada de cualquier espectador. No cabe duda: nací para pintar; con la ayuda de un solo maestro y unas cuantas clases fui creciendo, aceptando mi propia creatividad.


En mi estancia en el extranjero fui vendiendo mis piezas y viendo que salían, entonces me di cuenta: era mi don. Me invitaron a exponer otros amigos artistas en una colectiva en el Teatro Trivolí de Washintongn, D.C., aquí me coloco como un buen artista. Cuando regreso del extranjero a mi país, es cuando adquiero más experiencia, busco técnicas nuevas para llegar al color deseado y creo estoy en lo correcto.


Semillero de artistas


Sí, me deportaron y a mi regreso veo un semillero de artistas; Oaxaca es un lugar donde surge el color a través de la música, de la danza. Es un enjambre de creatividad. Soy un admirador de los genios musicales como Mozart; me encanta estar pintando con su música, así me inspiro más porque la música te transforma, te arrulla, se hace un poema en tus manos, las notas se vuelven pinceladas de color con título apto para presentar un arte quizá único, porque no creo que exista otro igual, pues la inspiración pudiera ser la misma, pero nunca la creatividad.


Yo encierro la nota; expongo en el Palacio Municipal en 2009 y obsesionado en lo estético, me domina la música, las vivencias; realizo diseños escuetos cuya profundidad se puede desentrañar en los títulos que develan el enigma de mi expresión, donde es inconfundible la narrativa inteligible y descifrable, la que arma el pintor. Ese soy yo con mis creaciones nacidas en medio de tribulaciones; sigo y seré persistente porque tengo la obsesión, la voluntad del triunfo.


Mis compañeros no me rebasan porque cada uno de nosotros tenemos diferente manera de pensar, trabajar, buscar formas y transportarlas al lienzo, por eso somos diferentes. Yo, en lo particular también escribo poesía, pero te diré, no he tomado clases para poder ser mejor.

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