La luz primera
Resulta que mi padre y mi madre se fugaron a la Ciudad de México; ahí ocurrió mi nacimiento, vivimos un tiempo y más tarde nos vinimos a Oaxaca, para cursar mis primeros estudios primarios, secundarios y preparatorios; ya desde pequeño traía la inquietud por el dibujo, la pintura, el grabado y la escultura. Claro, no podía abarcar tanto porque, o una cosa u otra.
Como todo principio, mi familia no estaba de acuerdo; deseaban otro tipo de carrera para mí; sin embargo, viendo mi inclinación por las bellas artes, solíamos viajar con frecuencia a Ciudad de México; mi madre, muy interesada en mi disposición, me llevó consigo a donde en ese tiempo estaba el señor Diego Rivera, pintando los Murales de Bellas Artes.
A mí, como niño, me impresionó, a tal grado que no quería irme de ese lugar; quería permanecer todo el tiempo mirando al pintor, hasta que me parece, llamé la atención del genial maestro, y para que obedeciera las órdenes de mi madre, me dijo: “Obedece, hijo, y ten este tarro para que juegues”. Lo tomé entre mis manos, lo miraba muy entusiasmado; cuando llegué a la casa lo guardé entre mis cosas; mi madre no le dio la mayor importancia, ni yo; sino a través del tiempo lo recordé llevándolo a mi taller.
Ya con la experiencia adquirida como autodidacta en la pintura, recordé al eminente maestro Diego Rivera, quien ya había fallecido y me había dejado un recuerdo, quizá simple porque se trata de un bote que contiene sus iniciales, pero valioso para mí porque es una fuente de inspiración para mi vida.
Un artista multifacético
La temática de mi creatividad son las costumbres de nuestras regiones del estado de Oaxaca. A la que no solamente se le rinde homenaje a través de la plástica, sino de distintas maneras; efectivamente así es, cuando el poeta oaxaqueño Efraín Villegas Zapata, le canta: ”Guelaguetza oaxaqueña/ fiesta de arte y de color/ ofrenda que es esplendor/ de la primicia hogareña./ El regalo es una seña/ del más acendrado amor / la amistad nos da dolor/ cuando se va y nos desdeña./ Entre obsequios y canciones/ de mi lírica mitaca/mi mano orgullosa saca/ ocho hermosos corazones / del Estado de Oaxaca”.
Nagai se promueve en forma independiente y selecciona los temas a plasmar con la poesía oaxaqueña; volvemos al rezo del poeta Villegas Zapata cuando dice: Diosa al pasar Teotitlán/ dejó su tórrido aliento/ por eso es caliente el viento/ de Los Obos al Parián./ Por Tecomavaca van las lluvias pasando lento/ por eso son un portento / los mangos de Cuicatlán”.
El artista tiene sus inquietudes, tiene el cuidado del medio ambiente, mismo que ha trabajado en alguna de sus obras. Es miembro de la “Fundación Píntate de Valores” del maestro Manuel Carrasco; cuenta con la promoción a sus trabajos de la artista plástica chilena Karen Pinto, quien lo promueve en el extranjero.
La crítica
Nagai es un artista completo, y su mensaje lo tienen sus propias obras, las cuales hablan por sí mismas en el colorido estético de su expresión. Los murales realizados son de su autoría, donde el colorido es esencial.
