Pasar al contenido principal
x

Instrucciones para vivir en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Para disfrutar Oaxaca hay que caminarla, saborear sus rincones, reconocer la arquitectura y los colores citadinos que se encuentra uno a su paso, porque si se recorre en automóvil, es probable que se termine en el tráfico urbano, causado por tanta unidad de motor (motocicletas, automóviles, autobuses, camiones de carga, etcétera) que transitan por una ciudad que cuando fue trazada se pensaba en uso de caballos, mulas, carretas y que ahora luce abarrotada por bestias de metal y fibra de vidrio a motor que van bufando y en su camino dejando un rastro denso de humo a su paso. En especial, las antiguas unidades de transporte público.


El transporte urbano es un factor decisivo en la comprensión de la personalidad de la ciudadanía y de la propia ciudad. Los camiones en Oaxaca son antiguos (la mayoría del siglo pasado), por lo que sus niveles de emisión de contaminantes son más que altos; todos podemos ver la gran nube negra que sale de sus escapes; aunado a eso, las personas hacen paradas en cualquier sitio y los autobuses, presurosos por pasaje, obedecen la señal y detienen su recorrido sin importar que el semáforo cambie a siga y que tras él se haga una fila de carros esperando que suba quien quiera que haya cometido la imprudencia de desobedecer las señales de tránsito, pues a pesar de que Oaxaca es una ciudad con un gran atractivo cultural, el oaxaqueño promedio es sumamente inculto.


Quienes viven en Oaxaca cuentan con características únicas dentro del repertorio nacional. Se trata de personas acostumbradas al folclor, algarabía, calendas, a los mezcales, procesiones religiosas, interminables marchas con bloqueos; a verse inundados de turistas todos los años, quienes se maravillan con la ciudad y lo que tiene que ofrecer, visitando sus museos, galerías, bibliotecas, que muchos oaxaqueños desconocen.



Eso sí, hay que ser valiente para vivir en Oaxaca, pues gracias a su atractivo turístico, se ha vuelto punto de convergencia de malandrines, quienes al amparo de la poca vigilancia que existe en la ciudad, se aprovechan de la situación; en algunas ocasiones, a plena luz del día andan quebrando vidrios o asaltando a mano alzada, dejando un muy mal recuerdo en quien quiera que haya sufrido una de esas desgracias y que con tristeza, contiene la ira y observa cómo su patrimonio se vulnera bajo el cielo de Oaxaca.


Una de las cosas más bellas que tiene la ciudad, son sus atardeceres. La luz del astro rey en su ocaso, ilumina las calles y construcciones, resaltando la belleza colonial de la ciudad, mostrándose majestuosa para quien camina por ella.


Los oaxaqueños hemos tenido que vivir con incesantes cambios a la ciudad, cada autoridad tiene sus ideas y prioridades que obedecen a intereses individuales en lugar del interés común, por lo que comienzan a realizar obras que presentan nulo beneficio o son simplemente para gracia de unos cuantos, pues todos somos testigos que las calles de la ciudad se asemejan mucho a la superficie lunar y nos vemos en la penosa necesidad de andar buscando cuál es el bache más pequeño entre todos.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.