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Un día triste y una nueva luz

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Inara Farrera Cruz

El pasado sábado, al salir de casa rumbo al seminario de formación de psicoanalistas, no imaginaba el choque de realidad que estaba por vivir de manera cercana, ser víctima de la delincuencia.

Este sábado recibimos la visita del cuerpo académico de la Facultad de Química de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), por lo que era importante grabar la clase. Para cumplir tal propósito, la tarde del viernes mi colega Jesús, pasó a dejarme su cámara de video y esta se quedó en uno de los consultorios. Esa mañana, una angustia invadió mi pecho al no verla sobre el sillón donde se había quedado cuando fui por ella para instalarla. De inmediato pregunté a mis compañeros si alguien la había tomado, pero mi miedo se hizo realidad, ¡nos habían robado! La tristeza se fue agudizando al paso de las horas y después de los días, pues se quedó un sentimiento de incertidumbre, ¿qué más se habrían llevado?

No pude evitar sentirme culpable, pues la puerta del consultorio estaba abierta cuando llegamos y soy la responsable de los consultorios comunitarios en este lugar. He de mencionar que éste se encuentra dentro de las instalaciones de un centro cultural. Me fue imposible dejar de mortificarme por un buen rato, pues la vergüenza me amordazó. Por un momento tuve el impulso de salirme a tomar un respiro. Afortunadamente recibí palabras de cobijo por parte de mis colegas, pero aun así el hueco en el pecho permaneció.

Esta experiencia me ha llevado a reflexionar algo que en psicoanálisis llamamos "dolor narcisista", aquello que en esta circunstancia puede traducirse simplemente con un enunciado que seguramente muchas personas han pensado ante una tragedia: “¿Por qué tuvo que sucederme a mí?”.

Hoy nos percatamos de que se robaron otras cosas más, que son de considerable valor, de suerte que el día triste, se extendió hasta el instante en que escribo esta nota. Lo que he aprendido en este instituto, en el psicoanálisis, es que, ante la adversidad siempre se enciende una luz. Es paradójico como un sentimiento de culpa y de vergüenza puede mudar, pues a pesar de que este binomio tomó fuerza debido a que lo robado son cosas que utilizamos mis colegas y yo en los dispositivos clínicos sociales —y no contamos más con ellas—, esto hizo que me invadiera un sentido de compromiso, ahora más fuerte con las futuras actividades del INEIP.

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