Cuando mira que a su cama del área pediátrica en el Hospital Regional Presidente Juárez, del ISSSTE, llega un dominó didáctico, a Tomás se le iluminan los ojos de la emoción. No están todas las piezas, pero aún así, al niño de 10 años le cambia el semblante al escuchar las instrucciones que le da la profesora Araceli.
Poder jugar antes de su cirugía es lo que menos esperaba Tomás; en la víspera, junto con su padre Agustín, viajó 191 kilómetros en transporte público, porque ni en Salina Cruz, ni en otro municipio del Istmo de Tehuantepec hay una institución pública con un urólogo pediatra que le ofrezca atención especializada.
Emoción compartida
Al hablar de lo que su presencia ha provocado en Tomás, a la profesora Araceli del Refugio Álvarez Ibáñez, del programa Sigamos Aprendiendo en el Hospital, se le levantan las cejas por encima del armazón de sus lentes. Está claro que comparte la emoción de saber que un juego tan sencillo y hasta incompleto puede cambiar el ánimo de un niño que ignora en cuánto tiempo entrará al quirófano y cuándo volverá a casa.
“Es hermoso ver su sonrisa al ver algo diferente en sus manos. Tan sólo jugar con unas Damas Chinas o un Dominó, que no tienen en casa, les hace sentir más fácil su estadía en el hospital”, asegura la profesora Araceli, quien entiende lo difícil de saber que la salud está ausente.
En 2018, cuando la profesora Araceli se integró al área de asistencia escolar del Hospital Regional Presidente Juárez, sólo encontró a una colega -la pedagoga Janet Torija Pérez- que en septiembre de 2013 implementó esta aula hospitalaria
“Inicié con una cajita de libros” usados y que otras personas le habían regalado, recuerda la profesora Janet, en quien nació la inquietud de llevar el programa Sigamos Aprendiendo, al ISSSTE, luego de que como practicante conoció el proyecto en el Hospital General Doctor Aurelio Valdivieso, que junto con el de la Niñez Oaxaqueña, lo implementa en la actualidad.
Contra la deserción escolar
Si el o la paciente va a pasar una larga estancia en el hospital, sobre todo por un tratamiento contra el cáncer, el personal del aula didáctica se pone en contacto con la escuela de origen para que les den asesoría y el paciente pueda cursar los contenidos académicos y festejos importantes que les impiden perder su escolaridad.
“Que no se sientan tan enfermos y de alguna manera recuerden su escuela”, sintetiza la profesora Janet, como el principal propósito del aula didáctica que se monta y desmonta en cada cama hospitalaria.
Terapia ocupacional
Para Soraida Morales Vásquez y su hijo Luis, de 16 años, ha sido demoledor pasar día y noche en el hospital y sólo saber que por tiempo indefinido lo seguirán haciendo hasta que él logre recuperarse de la fractura expuesta de tibia y peroné, luego de que un vehículo lo arrolló mientras manejaba una motoneta cerca de su casa.
“La persona dio una vuelta no permitida y mi hijo no pudo esquivarlo”, narra Soraida, con el cansancio de pasar la mayor parte de los días sentada o acostada en una silla hospitalaria, que por las noches se convierte en una angosta cama.
La visita que las maestras del aula hospitalaria hacen a Luis le han abierto la puerta a una terapia ocupacional, haciendo manualidades que en casa no realizaría.
“Se deprime, se pone triste, porque él quisiera ir a casa y lo han mantenido ocupado, se incentiva mucho con las actividades, le han tenido mucha paciencia”, sobre todo cuando entristece al pasar tanto tiempo sin poder caminar.
Como Luis no está estudiando, la maestra Janet le ha propuesto retomar sus estudios, ofertando las instituciones a las que puede ir y ayudarles a preparar su examen de admisión, a la par que hacen vínculos para facilitar su ingreso, pero sobre todo “mermar su estado de angustia, porque les afecta demasiado estar en un hospital y que fallezca el de a lado les hace vivir duelos”.
Jugar, para luego estudiar
Trabajar de manera directa e inicial actividades escolares, no es la prioridad. Tanto la profesora Janet, como Araceli, han aprendido que el primer paso es ganarse la confianza de niñas y niños para quienes los ingresos hospitalarios se volvieron normales, y entender sus emociones.
“Con una actividad lúdica podemos ganarnos su confianza para ver qué actividad podemos trabajar”, siempre apoyadas de los libros de texto del grado que cursa el paciente de preescolar, primaria o secundaria. A partir de bachillerato, únicamente otorgan asesoría pedagógicas.
Para Agustín Quintero, padre de Tomas, el proyecto impacta positivamente en las emociones de quienes ingresan al área pediátrica, porque él atestiguó cómo su hijo llegó tenso y nervioso, pero poco a poco, con el juego, empezó a distraerse.
“El programa es a nivel nacional, pero no tiene presupuesto. Nos mantenemos con base en donaciones. Sólo la computadora que tenemos es del hospital”. Janet Torija, Encargada del aula hospitalaria en el ISSSTE.
CUADRO DE TXT
Continuidad escolar
El aula hospitalaria es el espacio físico destinado a niñas, niños, adolescentes y jóvenes hospitalizados en la que pueden realizar actividades académicas y recreativas. Busca favorecer la continuidad escolar de la población de educación básica en condición de hospital.
