SARAJEVO, Bosnia.- Más de 100 mil muertos, 2 millones de desplazados y un genocidio. La guerra de Bosnia-Herzegovina marcó el final del siglo 20 y la desintegración de la antigua Yugoslavia.
Ubicado en los Balcanes, una de las tres grandes penínsulas al sur de Europa, el conflicto enfrentó a las tres comunidades que habitan en el país: los bosníacos, de religión musulmana; los bosnio-croatas, católicos; y serbo-bosnios, cristiano ortodoxos.
Más de 20 años después de la guerra, un sistema político caro, dividido y corrupto ha sumido a Bosnia en una grave crisis económica.
Para los alrededor de 3,8 millones de habitantes, existen tres Presidentes, 13 Primer Ministros, más de 180 ministerios y más 700 miembros en el Parlamento.
"La reconciliación total no ha sido posible por unos acuerdos de paz que separaron físicamente a las diferentes comunidades", explicó a Grupo Reforma Emir Filipovic, responsable del Departamento de Historia de la Universidad de Sarajevo.
Impulsados en 1995 por el entonces Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, los acuerdos de Dayton pusieron fin al conflicto pero convirtieron al país en el más corrupto de Europa, añadió Isabell Winschuh, quien formó parte de una ronda de trabajo entre una fundación política de la Unión Europea y los partidos políticos bosnios.
El país está actualmente dividido en dos entidades -la Federación de Bosnia y Herzegovina y la República Serbia- 10 cantones y 143 municipios, además del distrito independiente de Brcko.
Esta estructura fomenta la separación de los grupos enfrentados durante la guerra.
"Es un lugar con un 40 por ciento de paro y donde alrededor del 40 por ciento de sus ingresos se destinan directamente a mantener este sistema político insostenible", señaló Winschuh a Grupo Reforma.
