La mañana transcurría como cualquier otra para una madre de familia que, desde hace 32 años, vive en la ciudad de Oaxaca de Juárez. Había salido de casa para llevar a su hijo a la escuela, en la zona de la Colonia Reforma, y abordó —como de costumbre— un camión urbano que la deja a la altura del INEGI. Sin embargo, el trayecto que parecía rutinario se convirtió en una escena de tensión que aún la mantiene temblando.
La mujer subió a la unidad número económico 228 de la empresa Transportes Urbanos y Suburbanos Guelatao (TUSUG). Los asientos delanteros estaban ocupados y, con su hijo a un lado, optó por sentarse en la parte trasera, donde había espacio. Minutos después, cuando la unidad circulaba a exceso de velocidad por la zona universitaria, notó movimientos inusuales en los últimos asientos. Un joven sacó un arma de fuego y amagó a una pasajera para exigirle sus pertenencias.
“Quise gritar, pero traía a mi hijo conmigo”, relató. El miedo la paralizó. Observó la escena sin intervenir, temiendo que cualquier reacción pudiera desatar algo peor. La tensión se rompió cuando la joven asaltada reconoció al agresor y lo llamó por su apodo. El hombre, sorprendido, guardó el arma y descendió apresuradamente del vehículo, prácticamente en marcha.
La madre cuestionó la actuación del conductor, al considerar que no hubo intento alguno por detener la unidad, cerrar puertas o pedir auxilio. Incluso sospecha que pudiera existir algún tipo de complicidad, debido a la velocidad inusual con la que circulaba el camión desde que ella abordó.
Aún afectada, hizo un llamado a las autoridades para reforzar la vigilancia en el transporte público, especialmente en la zona de San Martín y el Centro. “Antes escuchábamos de navajas o jalones de celular; ahora ya traen pistola”, lamentó. También pidió mayor conciencia entre los usuarios para ceder los asientos delanteros a personas con niños o adultos mayores, pues —asegura— la parte trasera de las unidades se ha convertido en un punto vulnerable.
El episodio, que no pasó a mayores por una coincidencia fortuita, dejó en ella una lección marcada por el miedo: “No me vuelvo a sentar atrás. No cuando traigo a mi hijo”.
