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“San Marcos Evangelista: El León que Clama en el Desierto”

San Marcos es reconocido por fundar la Iglesia de Alejandría.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lubia Esperanza Amador

Con esta imagen del tetramorfo (en el que se simbolizan los 4 Evangelistas, relacionándolos con las visiones de Ezequiel 1, 10 y el Apocalipsis 4, 7), se representa a San Marcos, el Evangelista, conocido en las Sagradas Escrituras como "Juan, por sobrenombre Marcos" (Hch 12, 12; 12, 25 y 15, 37). 

San Marcos no perteneció al grupo de los 12 Apóstoles convocados por Jesús, sin embargo, fue discípulo de la primera comunidad cristiana y podría decirse que "mano derecha" de San Pedro, en cuyas enseñanzas basó su Evangelio; la Sagrada Tradición, apoyada por los escritos de los Padres de la Iglesia como Papías de Hierápolis (hacia el año 130 d.C.), lo identifica como el "intérprete de San Pedro". Y, sin duda, esta cercanía con el “Príncipe de los Apóstoles” (1Pe 5, 13), fue fundamental para su Evangelio, el cual se considera la catequesis de Pedro puesta por escrito para los cristianos de origen pagano.

Nació probablemente en Jerusalén, Marcos creció en el seno de una de las primeras comunidades cristianas; su madre, María, ofrecía su casa como refugio y lugar de oración para los Apóstoles (Hch 12, 12). Su vida estuvo marcada por la itinerancia apostólica: acompañó a San Pablo y San Bernabé en su primer viaje misionero (Hch 12, 25), pero podría decirse que desertó, para volver a Jerusalén (Hch 13, 13); por eso cuando Pablo le dijo a Bernabé que volvieran a las ciudades donde ya habían predicado, y Bernabé quería llevar con ellos también a Marcos, Pablo se opuso, al considerar que no debían llevar consigo a quien los había abandonado en Panfilia, cuando debía haber compartido sus trabajos; y se acaloraron tanto que terminaron por separarse, llevándose Bernabé a Marcos rumbo a Chipre, mientras que Pablo se llevó a Silas y recorrió Siria y Cicilia (Hc 15, 37-41); pero más tarde Pablo, estando en prisión en Roma, poco antes de su martirio, pide la presencia de Marcos, demostrando que cualquier diferencia pasada había sido superada (2Tim 4, 11); además, se convirtió en el colaborador más cercano de San Pedro en Roma (1Pe 5, 13); así que colaboró de cerca con los dos pilares de la Iglesia, los Apóstoles Pedro y Pablo. 

El estilo de su Evangelio es directo, dinámico y profundamente humano. Es el Evangelista de los detalles: describe las miradas de Jesús, sus gestos, su cansancio y sus emociones: Jesús durmiendo sobre un cabezal durante la tormenta (Mc 4, 38); o suspirando profundamente antes de sanar a un sordo que hablaba con dificultad (Mc 7, 34); o mirando con amor al joven rico (Mc 10, 21). Como si su objetivo no solo fuera narrar hechos, sino confrontar al lector con una pregunta existencial: ¿Quién es este Hombre?, y llevarlo de la mano para que él mismo descubra la divinidad de Jesús a través de su humanidad más vibrante.

Su símbolo de “león alado”, se debe a que su Evangelio comienza con el relato de la voz de Juan el Bautista clamando en el desierto, una figura de fuerza y autoridad que prepara el camino al Rey, el León de Judá. Su Evangelio gira en torno a 2 ejes doctrinales: a) El Secreto Mesiánico, refiriendo que Jesús prohíbe a menudo que se revele su identidad de Mesías hasta que llegue su Pasión; con lo cual, San Marcos enseña que la verdadera identidad de Cristo solo se comprende desde la Cruz. b) Y el Camino del Discipulado pues, siguiendo la sana doctrina, San Marcos subraya que seguir a Jesús implica cargar con la cruz; es decir, no hay Gloria sin Calvario. Y su obra culmina con la confesión del centurión romano al pie de la cruz: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios"; para Marcos este es el clímax de la fe: reconocer la divinidad de Jesús en su momento de mayor humillación.

San Marcos es reconocido por fundar la Iglesia de Alejandría, convirtiéndola en un pilar de la cristiandad primitiva, antes de ser martirizado en la ciudad hacia el año 68 d.C. Sus reliquias fueron trasladadas a Venecia en el siglo IX, donde se erigió la Basílica de San Marcos y se adoptó al león alado como símbolo de la ciudad, porque San Marcos es su Santo Patrón. Su legado perdura no solo en las piedras de la Basílica de Venecia, sino en cada página de su Evangelio, que sigue siendo la puerta de entrada para quien desea conocer el rostro más humano y, a la vez, más soberano de nuestro Salvador. San Marcos a quien la Gracia divina transformó de discípulo de los Apóstoles en pilar de la evangelización universal, nos recuerda que, a pesar de nuestras flaquezas, todos podemos ser instrumentos de la Palabra si nos mantenemos unidos a la enseñanza apostólica. ¡Que así sea!

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