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¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! (Secuencia de Pascua)

Celebrar la Resurrección de Cristo es celebrar nuestra propia liberación.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lubia Esperanza Amador

“En esta noche resuena la voz de la Iglesia: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!» (Secuencia pascual). No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la Resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no “pasa por encima” del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios. El Resucitado no es otro que el Crucificado. Lleva en su cuerpo glorioso las llagas indelebles, heridas que se convierten en lumbreras de esperanza. A Él dirigimos nuestra mirada para que sane las heridas de la humanidad desolada”. Estas eran las palabras del Papa Francisco en su mensaje Urbi et Orbi, con motivo de la Pascua 2020, justo cuando la pandemia iniciaba. El anhelaba que las palabras “indiferencia, egoísmo, división y olvido” se suprimieran para siempre.

Como ya lo hemos comentado en ocasiones anteriores, la Pascua de la Resurrección del Señor, es el Misterio central, "la base de nuestra fe y de nuestra esperanza", como nos lo recordaba el Papa Francisco; pues como San Pablo dijo: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14).

Pascua viene del latín pascha, y éste del hebreo pesah (pésaj), y significa “paso”; fue llamada así porque el Señor “pasó de largo” aquella noche en Egipto, cuando el Pueblo Judío salió de aquel país para pasar de la esclavitud a la libertad (Éxodo 12, 27 y 42). La Pascua de Resurrección es también un "paso": el de Cristo, quien pasó de este mundo a su Padre (Juan 13, 1), triunfando sobre la muerte y abriéndonos así las puertas del Cielo (1Pedro 1, 3-5). 

Celebrar la Resurrección de Cristo es también celebrar nuestra propia liberación, pues con su Pascua podemos estar seguros que luego de nuestra vida en este mundo, si hemos sido fieles, pasaremos a una vida nueva y eterna en la que gozaremos de Dios para siempre (Juan 11, 25; Filipenses 3, 21). Es por ello que la Pascua de Resurrección es la Fiesta de fiestas, Solemnidad de solemnidades, pues celebramos el más grande de los milagros. 

El Tiempo Pascual, que inicia hoy, se extiende hasta la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés; pero la Pascua es el eje de todo el Año Litúrgico. Y, como los cuatro evangelistas testifican que el hallazgo de la tumba vacía de Jesucristo ocurrió en las primeras horas del primer día de la semana; es decir, ocurrió el día siguiente al sabbat (sábado) que era su día de descanso (Mateo 28, 1; Marcos 16, 1-2; Lucas 24, 1 y Juan 20,1); por eso desde la época de los apóstoles al primer día de la semana se le llamó domingo, que viene del latín “Dies Domini” y significa "Día del Señor", pues "hoy es el día del triunfo del Señor" (Sal 117).

En su mensaje para la Cuaresma 2026, el Papa León XIV se centró en el tema “Escuchar y ayunar”; nos recordó que la Cuaresma es tiempo de conversión; y nos invitó a: “Pedir la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”. ¡Que así sea, feliz Pascua de Resurrección!

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