Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.
Evangelio Lc. 24, 13-35
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?". Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?". Él les preguntó: "¿Qué cosa?”. Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a Él no lo vieron".
Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?". Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a Él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, Él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!".
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor.
La experiencia de los discípulos de Emaús, de tristeza, desconsuelo, y desilusión, manifiesta nuestro propio caminar por la vida. Cuantas veces nos hemos sentido como los discípulos de Emaús cuando las cosas no han salido como esperábamos. Ellos pusieron toda su confianza en Jesús: “Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron”. El camino de Emaús simboliza nuestro propio caminar por la vida. Muchas veces caminamos desconsolados, con mucha tristeza, otras veces resentidos hasta con Dios porque las cosas no van bien en la vida y de muchas formas Dios sale a nuestro encuentro y camina con nosotros pero no lo reconocemos. Todos los días Jesús se incorpora en nuestro camino para animarnos y darnos vida, para devolvernos la alegría y la esperanza. Sin embargo cuanto nos cuesta reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas y también a nosotros nos dirá el Señor: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón!”. Dios nunca nos deja solos, aunque a veces pareciera que caminamos solos, no es así, El siempre está en nuestras vidas, solo que a veces nos cuesta reconocerlo en las personas o acontecimientos en las que se nos manifiesta.
Algo muy importante de los discípulos de Emaús es que abrieron su corazón y escucharon a Aquel hombre a quién no reconocían y cuando se iba apartar le dicen: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer", es la súplica que tenemos que hacer, porque aunque a veces no lo reconocemos como el Dios vivo entre nosotros, nos da mucha fortaleza y esperanza. Quédate con nosotros Señor porque necesitamos de ti, porque sin ti todo es vacío, tristeza y desilusión. Cuanta falta nos hace el Señor. Cuantas familias y matrimonios viven vacíos de Dios y como consecuencia desunidos, con mucha violencia y amarguras. Quédate con nosotros Señor porque sin ti, nuestras vidas carecen de sentido. La humanidad sufre y cada día se extravía más porque estamos sacando a Dios; abrámosle un espacio a Jesús para que se hospede en nuestra casa, con nuestra familia, qué mejor huésped que el Se hospede en nuestra casa, con nuestra familia, señor Jesús. Recemos diariamente, hagamos oración en familia, hablemos y demos testimonio de Dios en nuestro hogar. Quédate con nosotros porque nuestras vidas necesitan de ti Señor.
Los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús en un momento muy especial y al cual somos invitados. “Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron”. Acerquémonos pues a la escucha de su palabra y en especial participemos en la Santa misa dominical. Para que renovados en Cristo resucitado vayamos como los discípulos a contar a nuestras familias y centros de trabajo, escuela, nuestra experiencia de Dios: "De veras ha resucitado el Señor”.
Dios los guarde y los bendiga. Feliz domingo.
@PGil_Cruz
