La renuncia de las familias a su misión educativa no nace de la falta de convicción del deber-educar, sino del desaliento porque educar para algunos padres resulta algo imposible, afirmó el obispo de la Prelatura Mixe de María Auxiliadora, Salvador Murguía Villalobos.
En una exhortación, o ante fuerzas consideradas como invencibles y con las cuales es mejor pactar, entre esto, los medios de comunicación y las redes sociales.
“Por eso, se debe liberar totalmente nuestro corazón de este sentimiento de impotencia, que no tiene fundamento”, señaló.
Expuso que los verdaderos peligros para la educación de la familia son aquellos que ponen en peligro la verdad de la comunión interpersonal.
“El poco tiempo pasado juntos, un diálogo entre padres e hijos y en familia que se detiene en la superficie de la vida o la imposibilidad-incapacidad de ofrecer respuestas sólidas a las preguntas de los hijos".
Murguía Villalobos dijo que ser padre de familia es el oficio más más antiguo y el más difícil de todos, porque es el más fácil de todos.
“Es el más difícil porque se trata de generar a una persona humana y nada es más grande que una persona humana; es el más fácil, porque se educa sencillamente estando presente, conviviendo, dialogando y abriendo los corazones mediante la paciencia, la verdad y sobre todo el amor”, aseveró.
