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“II Domingo de Pascua y de la Divina Misericordia”

Santa María Faustina.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lubia Esperanza Amador

Este II Domingo de Pascua, fue decretado, por instrucción de San Juan Pablo II, como el Domingo de la Divina Misericordia. Esto fue en el año 2000, con motivo de la canonización de Santa María Faustina (30 de abril de ese año), quien recibió de Jesús revelaciones en torno a la infinita misericordia que Él nos tiene. 

Santa María Faustina Kowalska, fue una religiosa nacida en 1905, en Glogowiec, cerca de Cracovia, Polonia; se llamaba Elena, pero adoptó el nombre de “María Faustina” en la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de Misericordia, en la cual tomó los votos definitivos en 1928.

El 22 de Febrero de 1931, en el pueblo de Plock, Polonia, tuvo una visión de Jesús, quien le dijo: "Pinta una imagen de acuerdo a esta visión, con las palabras 'Jesús, en Vos confío'. Yo deseo que esta imagen sea venerada, primero en tu capilla y luego en el mundo entero. Yo prometo que, el alma que venere esta imagen, no perecerá. También prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, especialmente a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé con mi propia Gloria. Los dos rayos indican Agua y Sangre. El rayo pálido significa el Agua que hace las almas justas. El rayo rojo significa la Sangre que es la vida de las almas. Estos dos rayos salieron de las profundidades de Mi tierna Misericordia, cuando Mi corazón agonizante fue abierto por la lanza en la Cruz”.

Todas las revelaciones que Santa María Faustina tuvo a partir de 1931, las escribió en su diario de más de 600 páginas; murió en 1938, en Cracovia, sus restos yacen en la capilla del convento bajo la milagrosa imagen de la Divina Misericordia; fue beatificada el 18 de abril de 1993.

Basándose en el Mensaje de Jesús a Santa María Faustina, puede decirse que los tres puntos principales de la devoción a la Divina Misericordia son: pedir la misericordia de Jesús, ser misericordioso y confiar plenamente en Jesús. Ahora bien, ciertamente las prácticas devocionales reveladas a Santa Faustina, son un "instrumentos de misericordia" por medio de los cuales el amor de Dios es derramado sobre todo el mundo; pero no son suficientes por sí solas, es decir, además de colocar la imagen de la Divina Misericordia en nuestro hogar, rezar la Coronilla todos los días a las 3 de la tarde y recibir la Comunión el domingo después de la Pascua, además de esto se requiere ser misericordiosos con el prójimo, ya que ¡poner la Misericordia en acción no es una opción de la devoción a la Divina Misericordia, sino un requisito ineludible!; "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742). Nuestro Señor le habló estrictamente de esto a Santa Faustina, diciéndole: “Exijo de ti obras de Misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte, ni justificarte”. (Diario 742). 

Ciertamente poner en práctica la misericordia no es tarea fácil, pero la recompensa es inmensa y ya nos la señaló Jesús: “bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia” (Mt 5, 7). ¡Que así sea!

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