Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.
Evangelio: Jn. 10, 1-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia". Palabra del Señor
Jesús se dirige nuevamente a los fariseos, falsos pastores que guían por caminos equivocados. Por el contrario él se presenta como el buen pastor para dar firmeza y seguridad a las ovejas por su pertenencia a Jesús y su acceso seguro a la salvación. Es el buen pastor que no explota, sino que se pone al servicio, da la vida, conoce a cada uno. Además es la puerta por la que debemos entrar todos. Jesús nos enseña que Él es la puerta del redil, por la que debemos entrar todos para poder participar de la salvación, conseguida por su muerte y resurrección. Nos pone en claro que nadie puede salvarse sino es por El. En otro momento ya lo había dicho: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por mí” (Jn 14, 6). Lo cual indica que El es el mediador que el Padre nos ha dado para poder llegar a El. Con esta afirmación nos queda claro que si entramos por la puerta, que es Jesús, El nos puede conseguir la paz, la alegría y la felicidad plena, esto es, la vida en plenitud: “Yo he venido a dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud”.
Jesús es claro y firme, Yo soy la puerta por la que deben entrar, no se confundan, los “otros” son ladrones y bandidos. Cuantas veces no hemos caído en la tentación de creer más en otras cosas que en el Verdadero y único Dios. Confiamos más en el poder de los hombres, en el dinero o en nuestras capacidades humanas, más que en Dios; por eso el Señor nos dice con firmeza: “El ladrón va al rebaño únicamente para robar, matar y destruir”. Jesús es la puerta de la salvación, es por donde debemos entrar para participar de la vida eterna. Siguiendo sus enseñanzas podremos alcanzar la vida de Dios. No olvidemos que él es el Camino, la Verdad y la Vida; es el Buen Pastor que conduce a sus ovejas por el camino del bien. Cuida de ellas, va en busca de la que está perdida, la recibe con alegría y la cura, porque es el pastor bueno que quiere que ninguna viva en el extravío.
Los fariseos no entienden de qué les está hablando aquel Maestro. Entonces Jesús les da la clave del relato: Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. ¿Qué secreto se encierra en esa puerta?
El Evangelio de Juan presenta a Jesús con imágenes originales y bellas. Quiere que sus lectores descubran que sólo Él puede responder plenamente a las necesidades más fundamentales del ser humano. Jesús es el pan de la vida: quien se alimente de él, no tendrá hambre. Es la luz del mundo: quien le siga, no caminará en la oscuridad. Es el buen pastor: quien escuche su voz, encontrará la vida. Entre estas imágenes hay una, humilde y casi olvidada, que, sin embargo, encierra un contenido profundo. Yo soy la puerta. Así es Jesús. Una puerta abierta. Quien le sigue, cruza un umbral que conduce a un mundo nuevo: una manera nueva de entender y vivir la vida.
La imagen de la puerta que Jesús asume, nos da la seguridad de que solamente Dios puede darnos seguridad en nuestras vidas. Cuando Jesús dice: “Yo soy el buen pastor”, quiere mostrarnos que él es el camino seguro, la verdad auténtica y la vida plena; en otros momentos así lo afirma: “Yo soy el camino”, “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el pan vivo bajado del cielo…”. No hay equívocos Jesús es el camino seguro que nos conduce hacia una vida plena y feliz, es la luz que ilumina toda nuestra vida.
Jesús es la puerta del redil, esforcémonos por vivir el amor que nos ha enseñado, a perdonar como El, a servir y a darnos como El. Cuando vivimos el amor de Dios, tenemos vida plena, hay gozo, paz, esperanza y alegría. Entremos a esa vida de Dios por medio de Jesús que es la puerta. Dios nos conceda la gracia de querer entrar por la puerta que es Jesús. De cruzar la puerta, de entrar por Jesús a una vida nueva. No nos detengamos, entremos a ese mundo de amor que Dios nos ofrece. Recordemos: amplia es la puerta que conduce a la perdición, angosta la que conduce a la salvación. Entremos por la puerta del amor, del sacrificio, de la renuncia, del darse totalmente sin esperar nada a cambio. La puerta que Jesús nos enseñaba, que hay que ser como niños para entrar en el Reino, que hay que perdonar siempre no solamente siete, la puerta que que hay mas alegría cuando damos que cuando recibimos, que no le hagamos al hermano lo que no queremos que nos hagan a nsotros.
Cuando pasamos por esa puerta la vida cambia, llega la luz, la alegría, la felicidad, llega la fe y la esperanza, llega una vida nueva en Cristo Jesús.
Dios los bendiga. Feliz domingo.
