Por Lázaro Peña V., Pbro.
Domingo de Pascua, Solemnidad de la Resurrección del Señor, 05 de abril de 2026, Blanco. (Se suprime la Conmemoración de San Vicente Ferrer, Pbro.). MR p. 339 [345] / Lecc. I p. 92. LH Todo propio. Hech 10, 34. 37-43; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9.
En la primera lectura, Pedro nos dice que Jesús es el Mensajero de paz, que pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo; aun así, fue crucificado por los seguidores de Satanás, porque a ellos les molesta mucho la paz y el bien de los seres humanos. Sin embargo, Dios Padre resucitó a Jesús de entre los muertos y, de eso, Pedro y los demás apóstoles son testigos presenciales. La vida y la muerte de Jesús es conocida por todos los que lo vieron, y para ellos no hay ningún problema en dar testimonio de su Resurrección; mientras que hubo quienes, desde un primer momento, negaron tal verdad, principalmente aquellos que no querían mirar al Cielo, porque de él dimana el amor, la verdad, la justicia, el perdón, la paz y la eternidad; mientras que ellos tienen los ojos, la mente y el corazón contaminados por las cosas efímeras del mundo y permanecen hundidos en el fango de la tierra.
De la segunda lectura, podemos establecer que el cristiano, aunque vive en la Tierra y de ella obtiene su sustento, jamás debe quedarse atascado en el lodo de las riquezas, del poder y del placer; porque Cristo le ha enseñado el camino de la verdad, del amor y de la eterna felicidad, cuando nos dice: “Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y robar. Pues donde está tu tesoro, ahí está también tu corazón” (Mt. 6, 20-21).
Hermanos, ser testigos no es nada fácil. Muchos no le creen al testigo, porque no les conviene, y prefieren desacreditarlo, tachándolo de pecador, humilde, sin estudios académicos, sin ninguna de las glorias de este mundo. Pero qué hermoso que Dios escoge de testigos a los humildes e ignorantes, a los que no son nada ante los ojos de este mundo, para confundir a los sabios y soberbios.
¿Quién es el primer testigo de la Resurrección de Cristo? María Magdalena, y no le creen. ¿Cómo se le va a revelar a esa pecadora, de la que Cristo sacó 7 demonios? ¿A esa, que era prostituta y que hasta las series o películas de la actualidad, la retratan como una pecadora, humanamente enamorada de Jesús? Además, ella sólo dice que el sepulcro estaba abierto. ¿Por qué no se le reveló a los Sumos Sacerdotes? ¿A Pilato, a Herodes, etc.?, pues ellos tenían autoridad humana para que les creyeran; pero esta pobre sólo sabe de pecados.
Hermanos, recordemos a San Juan Diego, testigo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe; pobre Juan Diego, él mismo dice que no es nada, que es de la Tribu Chichimeca, despreciada por los otros, "manda a otro, a un grande de este mundo", le pedía a la Virgen; pero Ella le dijo que no son escasos sus servidores, pero que era muy necesario que por su intercesión se llevara a efecto su querer.
En Fátima se le reveló a tres niñitos que eran pastorcitos, igual en Lourdes a una jovencita humilde. En nuestro Estado, ¿quién llevó la imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción a Amialtepec, iniciándose así el gran culto de veneración a Nuestra Señora de Juquila?: Un humilde indígena.
Nosotros no nos dejemos engañar por el "padre de toda mentira": Satanás, que difama y desacredita a los testigos de la Resurrección; pues el maligno lo único que desea es seguir reinando en medio de las tinieblas del pecado y la confusión, teniendo como bandera la muerte, sin vida y sin esperanza.
¡Ánimo, hermanos, Cristo está vivo!; y nosotros somos testigos de cuanto Él ha hecho. Él nos manda, a todos los fieles, a predicar al pueblo y dar testimonio de que Él ha vencido a la muerte. No lo busquemos en el sepulcro, vayamos con ánimo, gritemos al mundo entero: ¡Cristo vive, Cristo reina, Cristo ha vencido a la muerte, y todo el que crea en Él también resucitará a la vida eterna!
"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"
Muerte: Último acontecimiento de la vida de todo ser sobre la Tierra (humano, animal y vegetal), caracterizada por el fin de sus funciones vitales ordinarias. Desde la perspectiva cristiana, la muerte es la separación del cuerpo y del alma, el cuerpo va al sepulcro, a la tierra de la cual salió; mientras que el alma va al encuentro con el Señor.
Resurrección: Para nuestra fe católica, la Resurrección de Cristo es el centro y fundamento; sin la Resurrección todo habría acabado en el Calvario. Pero Cristo ha vencido a la muerte en su Resurrección y nosotros tendremos la misma suerte que Él, viviremos para siempre con Él (Rom. 6, 9 y 8, 2; 1Cor 15, 54-57; Jn 11, 25-26).
Testigo: Quien da fe de algo que ha presenciado. Los apóstoles son testigos de la vida de Cristo y de su Resurrección (Lc 24, 48; Hch 1, 8. 21-26; 10, 41; 13, 31). El cristiano debe dar testimonio de su fe y de su esperanza con toda su vida (GS 2).
