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Compartiendo mis sencillos puntos homiléticos “Ofrezcamos nuestras 2 moneditas”

monedas
Foto(s): Cortesía
Redacción

Pbro. Lázaro Peña

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario [Se omite la Memoria de san León Magno, Papa y doctor de la Iglesia]. 10 de noviembre de 2024. Verde. MR, p. 446 (442) / Lecc. II, p. 18. Otros santos: Andrés Avelino, presbítero de la Orden de Clérigos Regulares de San Cayetano. Beatos: Juan Prassek, Germán Langue y Eduardo de Lubeck, presbíteros y mártires; Odette Prévost, religiosa de las Hermanitas del Sagrado Corazón y mártir. 1Re 17, 10-16; Heb 9, 24-28; Mc 12,38-44.

En este pasaje de la Primera Lectura, vemos cómo el profeta Elías, en Nombre del verdadero Dios, le presenta batalla a los baales, o sea, a los ídolos que eran considerados “dioses de la lluvia, abogados de la fertilidad y de las buenas cosechas”. 

Toda esta enseñanza entra dentro de un esfuerzo titánico para salvar la fe en el verdadero Dios, de ahí que la multiplicación milagrosa de la harina y del aceite, realizada por Elías en Nombre de Dios, es una demostración clara de que sólo el Dios verdadero es el que hace milagros y no los ídolos. La viuda de Sarepta simboliza a los paganos llamados a la fe verdadera. Elías se mantiene firme en el Dios verdadero, a pesar de la persecución y amenaza de muerte de la reina pagana Jetzabel.

En la Segunda Lectura, de la Carta a los Hebreos, se nos habla de la entrada de Cristo al Santuario del Cielo, que era tan necesaria para nuestra Salvación, porque los sacrificios de la antigua ley no eran eficaces, ya que no perdonaban los pecados; solamente en Cristo se ha realizado, en plenitud, la intervención de Dios en favor de los hombres. Él se ofreció como víctima por nuestros pecados y Dios aceptó su Sangre para lavar nuestras culpas. En la Parusía, Cristo volverá nuevamente, pero ya no para rescatarnos del pecado, sino para darle a cada quien lo que le corresponda y conducir al gozo eterno a todos aquellos que libremente lo hayan aceptado como su Señor y hayan hecho vida su Evangelio.

En el Evangelio, San Marcos nos presenta a los escribas como un grupo bien organizado, siempre discutiendo con Jesús; para Marcos los escribas no son intérpretes de las escrituras, sino teólogos que casi nunca citan las Escrituras. Los teólogos estudian lo relacionado con el conocimiento sobre Dios, de esta manera, esta carrera está dedicado al estudio científico de cualquier deidad y religión.

Es muy importante aclarar que no todos los escribas y maestros de la Ley eran creídos y aprovechados, gracias a Dios, había muchos muy conscientes y, cuando respondían alguna consulta se conformaban con lo que la gente les daba como agradecimiento por su consejo. Claro que siempre ha habido y habrá quienes quieran los primeros puestos, no faltaba quienes buscaran obtener una mayor retribución económica o material por su servicio. Ahí es donde nuestra Iglesia debe estar siempre en guardia. 

Con el episodio de la viuda pobre, San Marcos quiere representar a muchos pobres que prácticamente no tenían nada, pero se las ingenian para dar algo de lo poco que tienen. Y es que sólo el verdaderamente pobre, comprende las necesidades de los demás, y puede compartir eso mismo que necesita para vivir. 

Debemos entender esta pobreza no sólo en el campo económico, sino también en otros campos como las ciencias, los oficios, los productos y servicios; mucha gente de buen corazón comparte eso que sabe, que hace o que tiene, con quien lo necesita y no puede pagar por ello.

¿De qué me sirve tener mucha ciencia, si la guardo sólo para mí? ¿De qué me sirve ser un buen zapatero o maestro mecánico, si lo sepulto en mi egoísmo? ¿De qué me sirve ser un diestro nadador, si dejo que los demás se ahoguen? Estas dos moneditas, deben echarse en la alcancía del que lo necesita.

Tres palabras para recordar y meditar

ELÍAS: (Yahvé es Dios). Fue el profeta que, con grandes prodigios que Dios obraba por medio suyo, salvó la religión de Yavé, defendiéndola ante el Rey Ajab y su esposa Jetzabel, quienes favorecían la adoración de Baal. Elías no murió, fue arrebatado hacia el Cielo (2Re 2, 11); y aparece también junto Moisés, en la Trasfiguración de Jesús, por representar a la otra gran parte del Antiguo Testamento: Los profetas.

PARUSÍA: (Aparición, presencia en Griego), término bíblico y teológico utilizado comúnmente en la Iglesia para designar la Segunda Venida de Cristo al final de los tiempos, cuando venga Glorioso a juzgar a vivos y muertos, revele la disposición secreta de los corazones y retribuya a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia (CEC núm. 682).

ESCRIBAS: También llamados doctores y maestros (Mt. 22, 35; Lc. 5, 17), eran los judíos especializados en el estudio y la explicación de la Ley o Torá. El nombre de escriba comienza con Esdras. Tenían gran influencia y eran muy considerados por el pueblo. Esta clase comienza a actuar cuando deja de haber profetas. Los había de distintas corrientes, la mayoría eran fariseos, pero también había saduceos y esenios; la gran parte de ellos se opusieron a Jesús (Mc. 14, 1; Lc. 22, 1), quien critica duramente el proceder legalista e hipócrita de los escribas (Mt. 23, 1-36;    Lc. 11, 45-52; 20, 46-47), así como el de los fariseos.

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