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Católico instruido, no será confundido "San Judas Tadeo"

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Foto(s): Cortesía
Redacción

LUBIA ESPERANZA AMADOR. 

Hay santos muy arraigados en la devoción popular, pero sin duda la lista la encabeza San Judas Tadeo. Tal vez por ser uno de los Doce Apóstoles, o quizá la devoción aumentó al conocerse que Santa Brígida de Suecia, en sus Revelaciones, dice que el Señor Jesús la exhortó a aceptar a San Judas Tadeo como el "Santo Patrón de lo imposible", con lo cual coinciden sus innumerables devotos, quienes dan testimonio de los múltiples favores celestiales alcanzados por intercesión del Apóstol, considerado Patrón de los casos difíciles y desesperados.

Es poco lo que conocemos de él. Según el Evangelio, San Judas era "hermano de Santiago" (Lc. 6, 16); con un parentesco muy cercano con Jesucristo, seguramente su primo, pues en el contexto evangélico la palabra "hermano" significaba pariente cercano (Mc 6,3; Mt 13, 55). Después de la Última Cena le preguntó a Cristo por qué hablaba de mostrarse a los Apóstoles y no al mundo, Jesús le contestó que tanto Él como su Padre pondrán su morada en aquél que lo ame y guarde sus palabras (Juan, 14, 22-23). En Hechos de los Apóstoles aparece al final de la lista (Hch 1, 13).

Y fíjate, a pesar de ser un santo tan popular, poco se habla de la Epístola que lleva su nombre y es parte de la Biblia, en donde San Judas se presenta como un "servidor de Jesucristo y hermano de Santiago" (Jud 1); nos exhorta a defender la fe, critica severamente a los predicadores impíos, a los blasfemos y nos alienta a la práctica de las virtudes teologales.

La tradición narra que predicó en Mesopotamia y luego se dirigió a Persia, junto con Simón, otro de los 12 Apóstoles, llamado el Zelote porque pertenecía a esa secta; y en la Ciudad de Suanis, ambos fueron coronados con la palma del martirio, según lo menciona el martirologio romano desde el siglo VIII; su fiesta se celebra en conjunto el día 28 de octubre. 

La representación de San Judas es rica en símbolos, como la imagen de Cristo en el pecho (no, no es una moneda grande); es una especie de medalla que tiene que ver con la curación del rey de Edesa (hoy Turquía), que según Eusebio (historiador cristiano del siglo III) la realizó San Judas, como embajador de Cristo, cuando le llevó al rey un paño con el rostro del Señor y al imponérselo sanó de lo que parecía ser lepra, pero lo más importante es que también lo curó del alma. Así mismo se le representa con una porra, por ser el instrumento de su martirio; y con una lengua de fuego, como recuerdo de la Venida del Espíritu Santo (He 2, 1-4).

Hay varias oraciones y novenas dedicadas a San Judas Tadeo, pero cuidado, porque no todas cuentan con licencia eclesiástica, pues su contenido no corresponde a los principios de nuestra fe católica. Acudir a San Judas no sólo debe ser para recibir favores, sino como un firme propósito de imitar sus virtudes; como dice precisamente en su carta: Construyamos nuestra vida sobre los fundamentos de nuestra santísima fe, oremos en el Espíritu Santo y mantengámonos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de Jesucristo nuestro Señor, que nos llevará a la vida eterna (Jud 20 - 21). ¡Que así sea!

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