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"¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!”

Domingo de Ramos marca el inicio de la celebración de la Semana Santa.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.

Evangelio Mt: 21, 1-11

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá".

Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de Él y los que lo seguían gritaban: "¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!".

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: "¿Quién es éste?". Y la gente respondía: "Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea". Palabra del Señor

Iniciamos con la celebración del Domingo de Ramos, la Semana Santa. Son días santos que nos ayudarán a fortalecer la vida espiritual, para meditar en los grandes misterios de nuestra salvación: la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Después de habernos preparado intensamente durante la Cuaresma, llegamos al gran acontecimiento de nuestra vida cristiana, el Misterio pascual. Démonos la oportunidad de abrir un espacio a la reflexión, a la meditación y  a la contemplación de los misterios que nos dieron vida.

La Cuaresma es una subida a Jerusalén junto con Jesús. Jerusalén es el destino final del itinerario cuaresmal y es también la culminación del itinerario terreno de Jesús. El subía a Jerusalén porque allí había de consumar su sacrificio, con el cual iba a obtener la salvación del mundo. 

Jesús, consciente de que su hora había llegado y de que había cumplido fielmente la misión que el Padre le había encomendado, decide entrar a la ciudad de Jerusalén donde entregaría su vida por todos nosotros. Sabemos que la muerte del Hijo de Dios está en estrecha relación con su vida y su mensaje. Las exigencias de conversión, la propuesta de su estilo de vida, la nueva imagen de Dios, la nueva forma de ver la ley y las tradiciones, su crítica profética con los dueños del poder político, económico y religioso, desembocaron en la muerte violenta.

Jesús entra como un rey humilde, pacífico y manso. Jesús entra montado en un burrito, signo de humildad y de mansedumbre. Es aclamado por gente buena y sencilla que han encontrado en él esperanza y fortaleza, alivio y consuelo; que han experimentado la presencia de un Dios cercano a sus sufrimientos. Lo proclaman rey con gritos de júbilo y con ramos de olivo y de laurel, signos de la paz. Para  el pueblo humilde que ha abierto su corazón El es su Rey. "¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!".

Jesús es el Rey de la paz y del amor verdadero, el que con sus palabras y milagros instauró el Reino de Dios, es el que entra hoy triunfante a Jerusalén”.

Hoy acompañamos al Señor Jesús llenos de alegría, aclamándolo como Rey del universo. Hoy consolidaremos nuestra opción por el reinado de Cristo; El instauró un reinado, que no consiste en comida ni bebida, sino en la búsqueda de la verdad y en una mayor promoción de una vida digna, en un esfuerzo mayor por conseguir una paz duradera y una verdadera justicia social, en vivir en un estado de gracia, y alcanzar la santidad en la vivencia del nuevo mandamiento: el amor a Dios, concretizado en el prójimo. 

Estos días santos son, pues, para acompañar a Cristo en los sufrimientos de su Pasión y en su camino al Calvario: para unirnos a Él a través de la oración, la meditación y las obras buenas. 

Es una oportunidad en la que nos podemos unir a los sentimientos de Cristo y experimentar su amor para que así podamos resucitar a una vida nueva. Ofrezcámosle al Señor nuestro sufrimiento y unámonos a El en su pasión dolorosa, celebrando en familia estos días santos. Acerquémonos a Dios, pidámosle que aumente nuestra fe y esperanza. Dios los bendiga. Feliz Domingo de ramos.

@PGil_Cruz

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