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OPINIÓN. ¿CÓMODA NEUTRALIDAD EN LA COYUNTURA?

Un retrato fotográfico del columnista Mario Robles, autor del artículo de opinión sobre la cómoda neutralidad en la coyuntura actual.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Joel Vicente Cortés

En contextos políticos estables y razonablemente arbitrados, la virtud suele encontrar algún tipo de recompensa. Así ocurre —como recordaba el hermeneuta Paul Ricoeur— en sociedades donde todavía es posible aspirar a vidas buenas en instituciones justas. Sin embargo, cuando los equilibrios se rompen y la corrupción moral se normaliza, cumplir con lo debido deja de ser una virtud cívica y se convierte en un acto riesgoso, cuando no francamente heroico. En ciertos momentos históricos, hacer lo correcto implica pagar costos que rozan el sacrificio.

Es muy importante destacar que el escenario mundial se encamina hacia un periodo de inestabilidad profunda. Ni el más optimista podría sostener que México —y Oaxaca en particular— atraviesa una coyuntura moralmente esperanzadora. La decadencia ética de quienes usufructúan el poder global termina por contaminar, con rapidez alarmante, a nuestros gobernantes locales, más atentos a reproducir vicios que a corregirlos.

En el escenario oaxaqueño actual, oponerse al nepotismo, la corrupción y la demagogia no es un gesto retórico, sino una postura que entraña riesgos reales frente a un gobierno de vocación autoritaria que se reclama de izquierda y presume un humanismo que rara vez se traduce en prácticas. La amenaza, el chantaje étnico y la dádiva se han convertido en monedas corrientes, ahora presentadas como mecanismos de gobernabilidad. Todo vale cuando se trata de conservar una parcela de poder cada vez más cuestionada.

En este contexto adverso, el movimiento magisterial oaxaqueño (MDTEO) aparece cuasi-cooptado, temeroso u omiso, mostrando una fragilidad preocupante frente a actores políticos empoderados, más feroces y menos escrupulosos, tanto dentro como fuera del propio movimiento. La dirigencia actual parece haber optado por una cómoda simulación de neutralidad, una prudencia estratégica que en realidad funciona como autocensura, con tal de no incomodar al mecenas en turno.

Esa neutralidad no es inocua. Por el contrario, vacía de contenido la potencia moral e insurgente que históricamente distinguió al magisterio oaxaqueño. El compromiso social que durante décadas le dio sentido y legitimidad al movimiento se diluye, reducido a gestos simbólicos y declaraciones inofensivas. No se debería olvidar que la resistencia, cuando se administra con miedo, deja de ser resistencia y se transforma en ornamento.

Resulta aún más preocupante que liderazgos y expresiones políticas internas —no pocas veces de manera sospechosamente disciplinada— se sometan al orden coyuntural impuesto por un poder impugnado, en nombre de una cultura política que exige abstenerse justo cuando el escenario demanda definición. En ese repliegue se pierde de vista el horizonte ético que dio origen a las luchas magisteriales: la dignidad humana, la libertad, la igualdad ante la ley y la justicia social. Sin esos principios, las conquistas laborales dejan de ser derechos y se convierten en concesiones revocables.

Es cierto: las fallas y limitaciones del MDTEO están a la vista. Pero ningún observador honesto puede negar las conquistas políticas y sindicales acumuladas a lo largo de más de 45 años de insurgencia. Con aciertos y errores, con acosos y retrocesos, el magisterio oaxaqueño ha sido uno de los referentes más importantes del sindicalismo docente en el país. Precisamente por eso, el riesgo actual no es menor: ese prestigio histórico está hoy peligrosamente cerca de ser arrojado al vacío.

La neutralidad puede ser una virtud en tiempos de equilibrio; en tiempos de descomposición, suele ser una forma elegante de complicidad. Y si la dirigencia del magisterio oaxaqueño insiste en no incomodar al poder para “cuidar el momento”, corre el riesgo de descubrir —demasiado tarde— que los momentos no se cuidan: se disputan. En política, como en la historia, quien decide no tomar partido termina siendo parte del paisaje… y el paisaje, casi siempre, es lo primero que se pisa.

Oaxaca, 21.01.26.

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