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MOVIMIENTO MAGISTERIAL. Desafíos del sindicalismo docente rumbo a 2026

Un retrato de Mario Robles, quien analiza los desafíos y el futuro del sindicalismo docente en México de cara al año 2026.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Joel Vicente Cortés

El sindicalismo docente mexicano llega a 2026 en una encrucijada incómoda: movilizaciones, mucha consigna, pero pocas victorias estructurales. La pregunta no es menor ni retórica: ¿cuáles son hoy los verdaderos desafíos del magisterio organizado en un país gobernado por un proyecto que se dice popular, pero que administra la economía con el manual del capital financiero?

El primer gran obstáculo es fiscal y político. El gobierno de la llamada Cuarta Transformación ha sido claro —aunque poco honesto—: no hay recursos para abrogar la Ley del ISSSTE 2007 ni para reconstruir un sistema solidario de pensiones. Claudia Sheinbaum Pardo lo ha dicho sin rodeos. El problema no es la falta de dinero, sino la prioridad del gasto. En un país donde las AFORES ganan billones, las pensiones dignas parecen un lujo ideológico.

El cerco internacional. Para 2026, las directrices del FMI, el Banco Mundial, el BID y otros organismos financieros seguirán marcando el límite de lo “posible”. Bajo ese marco, un incremento salarial al sector público que rebase el 25% es impensable, y uno del 100% —como demanda la CNTE— se considera herejía económica. El mensaje es claro: la política social tiene tope; la ganancia financiera no.

Populismo selectivo. El populismo dominante prefiere ceder en lo político antes que en lo laboral. Es más barato —y más rentable— comprar liderazgos que transformar estructuras. Para algunos dirigentes beligerantes hay candidaturas; para otros, cargos en la administración pública; para los mejor portados, estipendios discretos pero jugosos. ¿Para el sindicalismo docente en su conjunto? Promesas recicladas: la desaparición de la USICAMM, la revaloración del magisterio, el “diálogo permanente”… todos seguirá en espera indefinida. Este comportamiento contradice cualquier programa que se asuma mínimamente socialdemócrata, ya no digamos de izquierda. Mientras los banqueros celebran utilidades históricas con el ahorro de los trabajadores, el retorno al régimen solidario de pensiones se aleja cada año un poco más.

Dirigencias en resistencia… ¿o en administración del conflicto? En el discurso, las dirigencias del sindicalismo docente colocan en el centro la seguridad social, el salario y la abrogación de las seudorreformas educativas. A primera vista, parecen incansables en la confrontación con la patronal. Pero la práctica reciente  —sobre todo en las dos últimas dirigencias de la Sección 22— demuestra otra cosa: se cede en lo fundamental para obtener migajas políticas. Presidencias municipales, diputaciones, cargos administrativos o bonos compensatorios sustituyen conquistas históricas. Para las bases quedan incrementos marginales: algunas horas, dos o tres recategorizaciones, pequeños préstamos, cambios administrativos y otras minucias presentadas como “logros”.

         La agenda olvidada El sindicalismo administra el conflicto, pero no transforma el mapa prestacional, y siguen pendientes temas estructurales:

La Carrera Administrativa para el personal de apoya y asistencias a la educación (PAAE).Respuestas reales, no escamoteadas para supervisores y Jefes de Sector de PrimariasInfraestructura escolar abandonada en más de un 50% del total.

Escuelas de marginación media y extrema, sin equipo ni condiciones mínimas.

El desgaste social. Otro desafío no menor es la relación con las comunidades. El apoyo social

al MDTEO ya no es automático. La tolerancia social no es eterna, y la propia 4T ha aprendido a incentivar el desgaste comunitario del movimiento. Incluso dentro del magisterio se reconoce, en voz baja pero creciente, que la eficiencia terminal y el servicio educativo se han deteriorado. Negarlo sería suicida.

Refundar o administrar la decadencia. El desafío central del sindicalismo docente rumbo a 2026 no es solo enfrentar al gobierno, sino reconstruirse a sí mismo. Refundar el MDTEO implica revisar prácticas, liderazgos, métodos de lucha y relación con la sociedad. Seguir por la ruta actual solo garantizaría una táctica fallida: más movilización, más desgaste… y los mismos resultados.

MIRADOR. El sindicalismo docente sigue marchando como si la historia solamente a le debiera algo, por su lado el poder negocia como si el tiempo fuera suyo. Pero el MDTEO, si no hay refundación, la protesta terminará convertida en ritual y la dirigencia en gestora. Y entonces al final, el mayor desafío no es el FMI ni la 4T: es atreverse a dejar de simular que resistir es lo mismo que avanzar. FELICES FIESTAS. NOS LEEMOS EN ENERO.

Oaxaca,18.12.25.

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