Octavio Vélez Ascencio
Las heridas en la familia marcan profundamente a los niños y si no se curan a tiempo, se agravan y terminan por transformarse en resentimiento, hostilidad y desprecio, afirmó el obispo de la Prelatura Mixe de María Auxiliadora, Salvador Murguía Villalobos.
“Cuando los adultos pierden la cabeza y cada uno piensa en sí mismo, cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre marcándolos profundamente”, agregó.
En una exhortación, el religioso sostuvo que las palabras, acciones y omisiones en la familia, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre marido y mujer.
“Si estas heridas no se curan a tiempo, se agravan y terminan por transformarse en arrogancia, en resentimiento, en hostilidad y desprecio y pasan a ser luego, laceraciones profundas que desembocan en la división de los cónyuges y después los llevan a buscar en otra persona comprensión, ayuda y consuelo, que luego recae sobre los hijos”, señaló.
Subrayó que los niños son marcados por las heridas en la familia, cuando los padres se hacen daño, porque todo está entrelazado, pues los esposos son una sola carne y así todos los abandonos del padre y de la madre, afectan a la carne viva, los hijos.
“Si pensamos en la dureza con la que Jesús advierte a los adultos de que no escandalicen a los pequeños, podemos entender mejor sus palabras sobre la grave responsabilidad de custodiar el vínculo matrimonial que da origen a la familia humana, que es cuidar que los niños no sean rehenes”, remarcó.
De esta manera, el obispo pidió a María Auxiliadora interceder por las familias, especialmente por las que pasan por dificultades, para que sepan superar y sanar siempre las heridas que causan división y amargura.
