El precio de la harina se duplicó en menos de un año, los huevos y el aceite en alza. Las compras diarias son un dolor de cabeza para muchos argentinos que apelan al trueque o a mercados al por mayor para enfrentar una inflación galopante.
"Está complicado hacer todas las compras en un único sitio. Caminamos todo el día para encontrar los mejores precios", explica Agustina Saravia frente los puestos de la feria semanal de Nueva Pompeya, un barrio de Buenos Aires donde viven familias de clase media baja y aún más modestas.
"Aquí los tomates cuestan 50 pesos el kilo, en la verdulería cuestan 30", señala la treinteañera, antes de irse a ver cuánto salen en el mercado vecino. Sólo después decidirá dónde comprar.
Igual que ella, la mayoría de los clientes del mercado estudian los precios de los carteles con atención, dudan, los comparan y sólo después, quizás, volverán a por un kilo de manzanas o algo de verduras.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas (Indec) entre enero y agosto la inflación sumó 24,3%.
En el caso de los alimentos básicos, el alza es mucho más notoria con picos en el aumento del precio de la harina (115%), huevos (56%) y aceites (40%).
El Indec informó este lunes que el consumo en los supermercados cayó 3,7% en julio respecto a igual mes del año anterior, si se calcula a precios constantes. Pero si se toman los precios corrientes, el índice aumentó 25,9% en la comparación interanual, evidencia de la inflación.
"Platos rotos"
Otro modo de defender los ingresos, son las compras al por mayor en las que muchas cadenas de supermercados se han especializado en los últimos años.
"Si compro por mi casa un paquete de arroz por día, aquí compro dos paquetes familiares. Así con todo", explica Vanessa Ledesma, una madre de cuatro niños delante de un supermercado mayorista al que llegó después de un viaje de 40 minutos en autobús.
Vanesa, estudiante de Enfermería, va una vez por semana para hurgar los precios más interesantes. En su carrito, las compras del día se limitan a cuatro o cinco productos básicos.
"No compré mucho porque aumentaron los precios", explica. En agosto los tomates aumentaron 10%, el pollo 8%, las papas 7%.
"Todos quieren dólares, pero no toman en cuenta que los que pagan los platos rotos son los pobres, que no cobran en dólares", lanzó con amargura en referencia a la caída del peso, que desde enero perdió el 50% de su valor.
