Esta semana continuaron las comparecencias en el Congreso del Estado y el martes tocó el turno a tres áreas clave para medir el pulso del gobierno: movilidad, bienestar social y cultura. Entre cifras contundentes, discursos de transformación y reconocimientos legislativos, las dependencias buscaron defender sus resultados ante comisiones que, aunque en general mantuvieron un tono institucional y hasta complaciente, dejaron entrever los pendientes que siguen pesando sobre Oaxaca: rezagos estructurales, servicios insuficientes y políticas públicas que todavía no logran aterrizar con la fuerza prometida en el territorio.
En el caso de la Secretaría de Movilidad (Semovi), Yesenia Nolasco Ramírez sostuvo que se está revirtiendo un atraso de más de 20 años, presentando datos como la entrega de más de 508 mil tarjetas de circulación, la actualización de 235 mil vehículos mediante el canje de placas y la realización de 423 operativos de Transporte Seguro. Sin embargo, aunque las cifras reflejan actividad administrativa y control vehicular, el debate real quedó en el aire: la calidad del transporte público sigue siendo uno de los reclamos cotidianos de la ciudadanía. El propio diputado Isaías Carranza, presidente de la Comisión, reconoció avances, pero apuntó a lo urgente: regular tarifas, mejorar el servicio y usar tecnología, temas que en la práctica siguen siendo una deuda, sobre todo en zonas donde el transporte continúa operando con unidades viejas, saturadas y sin garantías de seguridad para usuarios.
El proyecto más defendido por Semovi fue el BinniBus, que reportó más de 44 mil personas usuarias movilizadas, presentado como una alternativa estratégica para la zona metropolitana. Lo positivo es que el sistema comienza a consolidarse como opción pública y ordenada; lo negativo es que esa cifra, aunque relevante, aún parece modesta frente a la demanda real de movilidad diaria en Oaxaca de Juárez y municipios conurbados. Legisladores como Mauro Cruz y Haydee Reyes destacaron su impacto en estudiantes y ciudadanía, pero también se reconoció implícitamente que el reto es ampliar cobertura, rutas e integración. En resumen: hay avances visibles, pero todavía insuficientes para una ciudad donde el caos vial y el transporte irregular siguen marcando la rutina.
En materia social, la comparecencia de la Secretaría de Bienestar, Tequio e Inclusión (Sebienti), encabezada por Vilma Martínez Cortés, llevó el debate a un terreno más sensible: la pobreza. La funcionaria reportó que Oaxaca redujo 6.8 puntos porcentuales de pobreza entre 2022 y 2024, logrando que más de 280 mil personas salieran de esa condición, mientras que la pobreza extrema bajó 3.9 puntos, beneficiando a más de 165 mil. Es un dato relevante y políticamente potente, porque refleja una tendencia positiva en un estado históricamente golpeado por la desigualdad. Sin embargo, el contraste inevitable es que, pese a esa disminución, Oaxaca sigue figurando entre las entidades con mayores índices de pobreza del país, lo que obliga a preguntarse si los programas anunciados son sostenibles o si dependen demasiado de coyunturas presupuestales y apoyos federales.
Programas como Tarjeta Margarita Maza, Mujeres Primavera, Farmacias Bienestar, Mi Primera Chamba y Tarjeta Joven fueron defendidos como una inversión histórica, y legisladores de Morena los presentaron como evidencia de una política humanista. Lo bueno: el enfoque en mujeres, juventudes y salud responde a sectores con necesidades reales. Lo malo: en la práctica, la gran exigencia sigue siendo que estos apoyos se traduzcan en autonomía económica permanente y no solo en alivios temporales. Incluso desde la oposición, Movimiento Ciudadano y el PRI coincidieron en un punto clave: los programas deben ser un derecho, sí, pero también deben generar resultados medibles, evitando que la política social se convierta en simple herramienta de control político o dependencia institucional.
En el ámbito cultural, el titular de Seculta, Flavio Sosa Villavicencio, presentó una de las cifras más amplias de la jornada: más de 4 mil actividades culturales realizadas en 2025, con inversión superior a 112 millones de pesos y un alcance de 1.4 millones de personas beneficiadas. A nivel de discurso, la dependencia defendió la cultura como derecho, memoria colectiva y comunalidad, con énfasis en pueblos originarios y afromexicanos. Sin duda, el volumen de actividades refleja dinamismo institucional y presencia en las ocho regiones, además de reforzar eventos emblemáticos como la Guelaguetza y Día de Muertos. Pero la parte crítica sigue siendo la misma que los legisladores señalaron: condiciones dignas para artistas y artesanos, protección del patrimonio y freno a la apropiación indebida, un tema que en Oaxaca no es menor porque la cultura no solo es identidad, también es economía comunitaria.
El balance general de estas comparecencias deja un mensaje mixto: el gobierno presume cifras y acciones que muestran movimiento real en dependencias clave, pero el Congreso también exhibe, aunque con suavidad, que los retos de fondo siguen ahí. Movilidad aún enfrenta el rezago en transporte público, bienestar enfrenta el desafío de combatir pobreza estructural más allá de apoyos, y cultura enfrenta el pendiente de dignificar a creadores y proteger su trabajo. Oaxaca avanza, sí, pero el ritmo todavía parece menor frente a la magnitud del problema. Y esa es la paradoja que dejaron las comparecencias: muchas estadísticas para defender logros, pero aún pocas certezas de que la transformación alcance para cambiar la vida cotidiana en todo el estado.
