Al egresar de la maestría en Biología Experimental de la Universidad de Guanajuato, Beatriz Guadalupe Villa Martínez descubrió que estaba sobrecalificada para la oferta laboral en Oaxaca.
Cada que acudía a una empresa en busca de empleo el sueldo más alto que le ofrecían eran 7 mil pesos mensuales con horarios amplios, de hasta 13 horas con intervalos para comidas.
Cuatro años después de intentar otros dos proyectos, consiguió afinar el proceso de preparación del mole negro, pero deshidratado y ahora puede ofrecerlo en sus siete variedades.
“Es más liviano, fácil de llevar y ya tiene el tomate adicionado, no tiene conservadores y dura ocho meses dentro del empaque”, el cual se elabora con papel kraft y un sello metálico que protege el contenido del agua.
Lograr a esta etapa le demoró 18 meses.
Los primeros seis meses u ocho meses los dedicó a concretar la receta que surgió de la idea de una profesora del Instituto Tecnológico de Oaxaca, de donde egresó como ingeniera química en el 2008.
A pesar de que la actividad comercial local aún se sustenta en los mercados, reconoce que para muchas personas es cada vez más práctico adquirir los alimentos en los centros comerciales.
Si tuviera la oportunidad de promocionar su producto o contar con ganancias suficientes, sin duda invertiría en publicidad, así la gente sabría que un sobre de 70 u 80 gramos de mole en polvo alcanza para cuatro platos.
“Sólo tienes que verter el contenido en caldo, dejar hervir y servir”. Quien lo prueba no nota la diferencia entre el mole a base de pasta y sólo que leyera la etiqueta descubriría que en vez de 350 calorías cada porción tiene 62 calorías.
