Sergio Cruz y su esposa son ejemplo de que son marcados las diferencias entre el trabajo informal y el formal y ello pasa por los horarios, salarios y hasta ambiente laboral.
Él es taquero ambulante en las calles de la capital oaxaqueña y en ocasiones, al final de la semana, gana hasta 390 pesos más que su esposa; ella es vendedora de piso en una tienda de ropa en el centro de la ciudad.
El joven padre de familia de 23 años de edad se siente conforme con el trabajo que desempleña pues le permite tener un salario “aceptable”, al que valora cuando compara sus ingresos con lo que percibe su esposa; ella pasa 12 horas o más en su centro laboral.
Mientras se baña del olor y el valor que sale de la olla con carne de barbacoa de res, el joven detalla que, por día, gana entre 150 y 170 pesos, lo que al final de la semana se refleja en un ingreso que de entre los mil 50 pesos y mil 190 pesos. Su esposa gana 800 pesos por semana y cuenta con seguridad social.
Para él el salario que percibe es bueno, a pesar que no cuenta con ninguna prestación de ley ni gozar de día de descanso pagado por el patrón.
Sin embargo, considera como ventaja que labora entre seis o 10 horas, es decir, en ocasiones hasta la mitad del tiempo que su pareja.
“Escucho a muchos clientes quejarse de su trabajo. Que hacen mucho pero ganan poco, que el tiempo para salir a comer también es poco y por eso gastan en comer en la calle y no en su casa”, refiere el taquero, quien sólo se dedica a la venta.
Sergio toma un pequeño par de tortillas, la rellena de carne, cilantro, cebolla, guacamole y salsa. O sirve un caliente consomé. Ofrece un refresco o jugo “bien frío”; es atento y también ofrece servilletas a sus clientes. Ese es su trabajo, el que disfruta al aire libre y le permite conocer historias y personas.
Las limitaciones
Acceder a una vivienda propia es todavía el sueño de la pareja, la cual desde hace cinco años solventa una renta de mil pesos, misma que la encarecerán en 20 por ciento.
El espacio que pagan y el cual comparten tres personas -él, su esposa e hijo de cuatro años- es de cinco metros cuadrados.
Por su tipo de trabajo, Sergio no puede acceder a una casa de interés social, y aunque su esposa sí, apenas tiene un año cotizando, por lo que debe esperar para tramitar un crédito .
Pese a este panorama Sergio es optimista, y considera que en poco tiempo, con el dinero ahorrado, puede hacerse de su propio carro para vender y después construir una casa con ingresos propios.
Sergio mantiene vivo ese sueño mientras avanza con su carro de tacos hasta otro punto de la ciudad; es la hora de la comida para los oficinistas y va a la caza de ellos.
