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Unión de los hombres en familia. El bautismo, puerta de entrada al sueño de Jesús: Obispo auxiliar

Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Octavio Vélez Ascencio
  • Señaló que la inocencia de Cristo es fuente de justicia y salvación

 

Los católicos por medio del bautismo entran a formar parte de esta gran familia llamada Iglesia y empiezan a ser parte del sueño de Jesús de unir a todos los hombres en una sola familia, afirmó ayer el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún.

“Nos injertamos en el cuerpo de Jesús para ser miembros activos que se interesan unos por otros, que sienten el dolor y la alegría de los otros miembros, que se alegran o entristecen con los hermanos que pasan a ser carne de su carne y espíritu de su espíritu”, añadió.

Durante la homilía de la misa dominical, oficiada en la Catedral de Nuestra Señora de La Asunción, en la Fiesta del Bautismo del Señor, el pastor religioso sostuvo que Jesús, sin necesidad de ser bautizado, muestra cómo busca a la humanidad donde la humanidad se encuentra. 

“Desciende, se rebaja, se humilla, se sumerge en una humanidad que lleva el pecado y se solidariza saliendo a nuestro encuentro en un espacio de generosidad y amor para que ninguno de nosotros se sienta excluido de su obra de salvación”, agregó.

De hecho –afirmó–, lo sorprendente de la insistencia de Jesús en pedirle a Juan el Bautista que se bautizara no reside tanto en su deseo de rebajarse al límite, poniéndose al mismo nivel que nosotros, pecadores, sino que no se alinea, aunque sea inocente, sino precisamente porque es inocente. 

Por esto, expuso que Jesús se coloca entre los pecadores, no a pesar de su inocencia, sino precisamente por su inocencia. 

“Este es el aspecto maravilloso de lo que sucede en el río Jordán, Jesús es el único inocente, no solo porque es el único verdaderamente justo, sino también, y sobre todo, porque su querer que es el mismo querer de Dios le permite recoger y abrazar toda nuestra injusticia, nuestra maldad, nuestro pecado. Y liberarnos de todo ello, haciéndonos justos y también al tener una visión justa de nosotros, pecadores, es decir, al intuir las posibilidades de arrepentimiento y conversión y la belleza de nuestra nueva vida que puede surgir de todo esto”, aseveró. 

Subrayó que Jesús con el gesto de bautizarse osa verdaderamente tanto él, sin pecado ni impureza, porque no se mantuvo ajeno a los pecadores, pues eligió estar con los creyentes para sanarlos.

“Se sumergió en nuestra fragilidad humana para redimirnos, para justificarnos con su inocencia. Desde ese momento, toda su vida no será otra cosa que una demostración de esta compasión salvadora, hasta la cruz”, asentó. 

De esta manera, destacó que Jesús cumplió todo el querer de Dios al entrar en las vidas marcadas por el pecado, en las heridas de la existencia, al sumergirse en el mar de las debilidades de los católicos.

“Gracias a esto, lo que nos hace justos ya no es nuestra observancia puntual, perfecta, de los preceptos, sino, ante todo, su acto libre y salvador, acogido por nuestro reconocimiento creyente. Su inocencia es la fuerza tenaz que lo une a todos nosotros y gracias a ella somos justos”, señaló.

Ante esto, llamó a los creyentes recordar su ingreso a la gran familia llamada Iglesia por medio del bautismo y sobre todo a ser parte del sueño de Jesús de unir a todos los hombres.

“Al contemplar a Jesús siendo bautizado, re-escuchemos con atención cada una de las palabras dirigidas a Jesús ‘éste es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias’, son palabras dirigidas también a nosotros y reflexionemos en la grandeza de nuestro propio bautismo”, aseguró.

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