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Tras 10 años, Esperanza resiste en la búsqueda de su hijo Aldo

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Han transcurrido diez años, el agobio pesa, pero no detiene.

“Estoy de pie, aceptando esto que nos tocó vivir y que hay que enfrentarlo, porque si yo me muero, ¿quién va a buscar a mi hijo?, porque si él regresa va a querer verme”, expresa Esperanza Aguirre Soriano, madre buscadora de Oaxaca.

Su hijo Aldo, entonces de 22 años desapareció el 8 de agosto de 2013 cuando viajó a Miahuatlán de Porfirio Díaz invitado a conocer un proyecto de biodigestores. 

Él estudiaba en Puebla la ingeniaría en desarrollo sustentable.

“Mi hijo salió a las 6:30 de la mañana, a partir de ese momento ya no supimos de él. A las ocho de la mañana cuando le marqué porque se supone que ya había tomado el carro a dónde iba, ya no me contestó, todo el tiempo me mandó a buzón”.

Esperanza avanza en la marcha de las madres buscadoras de Oaxaca.  Hacerlo es necesario para que las autoridades los escuchen, “si no salimos, es como haberlos olvidado” explica llevando al frente una manta con los rostros de personas desaparecidas en el estado y en otros de la república mexicana.

En mayo de 2022 el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) contabilizó 100 000 personas desaparecidas. Las cifras son el rostro de personas como Eduardo Meza Guillén (21 de enero de 2012, Chiapas); Juan Hernández Manzanares (20 de febrero de 2011, Nuevo León); Irma Claribel Lamas López (13 de agosto de 2008, Coahuila); y Jonathan Munivez Mayo (3 de noviembre de 2008 en Guerrero).

“Aldo estudiaba Ingeniería en Desarrollo Sustentable y a él le dijeron que por esa parte de Miahuatlán iban a hacer un biodigestor. Después de que desapareció nosotros fuimos a buscar ese lugar y en realidad no existía, no había nada. Lo engancharon con una oferta de investigación falsa”.

El expediente por la desaparición de Aldo se encuentra en la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) y en la Fiscalía General de la República (FGR), pero hasta el momento no hay ninguna línea de investigación que pueda ayudar a localizarlo.

“Es como si se lo hubiera tragado la tierra, no ha habido una investigación como se debiera, porque de lo contrario ya habría indicios para saber qué pasó con él. Después de 10 años no hay nada porque las autoridades no tienen interés en buscar a los desaparecidos”, reclama.

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