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Se evidencian problemas de aprendizaje en alumnado de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Nadia Altamirano Díaz

Con el cierre de las escuelas en marzo de 2020 por la contingencia de COVID-19, Esmeralda experimentó todos los cambios de humor para tratar de guiar a su hijo Emiliano a cursar los distintos grados de primaria. Primero fue paciente, después exigente, probó ser tolerante y terminó por hacer prácticamente toda la tarea para evitar enojos de su parte y sufrimiento en su hijo.

Cuando sintió que no podía lidiar con el estrés laboral y la enseñanza en casa, porque la profesora de tercer grado del grupo al que estaba asignado Emiliano sólo impartía dos clases de dos horas a la semana, sin despejar dudas, buscó a alguien que le pudiera dar clases particulares y fue una maestra de educación especial quien le permitió saber que la desatención e hiperactividad se deben a un trastorno por Déficit de Atención Hipercinético (TDAH), el cual se caracteriza también por la impulsividad.

“Yo me sentía frustrada, me enojaba, lo regañaba, tenía que estar pegada a él para hacer la tarea y desafortunadamente no lo comprendía”, reconoce Esmeralda, quien en las vacaciones de verano de 2021 aprovechó para que su hijo acudiera dos veces a la semana a sesiones individuales, las cuales mantiene porque la escuela pública donde Emiliano cursa ahora el cuarto grado no ha definido aún el regreso presencial.

Para el psicoterapeuta especialista en infantes y adolescentes, Gerardo Amaury Morales Ramírez, el cierre de escuelas limitó la detección de necesidades educativas especiales, ya sea por TDAH, de audición, de lenguaje o cognitivas porque las y los docenes suelen identificarlas.

“Las y los maestros tienen herramientas para detectar esos problemas, algo de lo que un padre o madre carece y termina por considerar que a su hija o hija se le complica la tarea”, considera.

Con una modalidad todavía predominante en la virtualidad o a distancia que mantiene a más de la mitad de escolares ausentes de las aulas, el terapeuta hace notar que madres y padres experimentan un alto nivel de frustración que no saben manejar.

En algunos casos esa frustración se manifiesta de manera violenta, una problemática que permanece oculta porque ocurre al interior del hogar.

Todos los problemas que se agudizaron durante la pandemia, como los trastornos alimenticios y la pérdida de horarios para comer o dormir, quedarán evidenciados con el regreso masivo a los salones.

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