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Oaxaca dice adiós a Enrique Pacheco Álvarez, un abogado ejemplar

lic_enrique_pacheco
Foto(s): Cortesía
Redacción

Ayer partió el licenciado Enrique Pacheco Álvarez. Se ha ido un oaxaqueño probo, un ejemplar padre de familia, un hombre de verdad…

Su cariño y apoyo incondicional a esta su tierra lo manifestó en su vida política, social y ética. Se destacó por su enorme inteligencia y su pluma esclarecedora, pero si algo que siempre caracterizó a Pacheco Álvarez, fue su congruencia, su amor al Derecho, el profundo amor a Oaxaca, y su profundo valor a la amistad que practicó a manos llenas, siempre transparente y generoso in extremis

Fue un estudiante brillante y siempre  dio constancia ejemplar para abrevar todo cuanto le servía a su actividad humanística. Sus alumnos lo califican como un catedrático estricto y ejemplar en el Instituto de Ciencias y Artes, y luego Universidad Autónoma Benito Juárez.

Como abogado de los tribunales de la república, mantuvo una ética a toda prueba. Fue un funcionario respetado, de lo que dio constancia cuando Oaxaca vivió momentos álgidos en el mandato de don Manuel Zárate Aquino, con quien fungió como Secretario de Gobierno, fecha en que sus actos se apegaron siempre a la legalidad y a la Constitución local. No obstante, no se libró de las críticas de aquellos a quienes molestaba la aplicación de la ley.

Como historiador fue un investigador preciso de Oaxaca, especialmente de los años 70 y 80, derivado de aquellas cátedras de Historia que impartió a los universitarios, y como cronista privilegiado aderezó infinidad de artículos periodísticos que publicó en NOTICIAS y otros medios informativos. Historiador de a pie, pero también notable académico, encontraba ricas vetas de estudio incluso poco conocidas en la vida política de la entidad.

Pero también recibió el dolor, de pie, como uno de esos héroes  estoicos a los que se remitía en su cátedra de Historia, cuando se registró la trágica desaparición de su hijo, cáliz que apuró con singular valentía.

Pero, nobleza obliga a reconocer que Pacheco Álvarez, con sus amistades se dio absolutamente con ese corazón enorme que tenía. Detrás de unas enormes gafas parecía disimular ese estado de ánimo cuando vibraba con sus amigos; y por ello brillaba con luz propia, con su prosa clara, precisa y enriquecedora.

Sus amigos de generación recuerdan que “fue un catedrático estricto, un funcionario respetado y un historiador preciso”. Hace seis años, por ejemplo, se llevó la ovación de pie del público que llenó el segundo patio del Palacio Municipal citadino, en el inicio de la semana de celebraciones para rendir “Tributo a las y los forjadores de la Universidad 1955-1970”, acto donde puso a prueba, una vez más, su memoria y su notable trayectoria de orador:

"Por mi universidad doy todo"

En el inicio de la semana para rendir ‘Tributo a las y los forjadores de la Universidad 1955-1970’, realizada el 22 de mayo de 1917, Pacheco Álvarez sostuvo ante el al rector de la UABJO, Eduardo Bautista Martínez: “Invoca Usted a los exalumnos y yo soy uno de ellos. Y yo le digo por mí y por mis compañeros que todo nuestro apoyo está para la Universidad Benito Juárez”.

Y fue más allá: “No debemos dejar que muera; no debemos permitir que siga –la Universidad-- en los últimos lugares del catálogo de universidades del país; es vergonzoso que eso sea y es más vergonzoso que en las listas de universidades ni siquiera nos tomen en cuenta. Yo estoy para lo que la Universidad me reclame; tengo 86 años de vida, pero por mi Universidad doy todo: vida, corazón y futuro”.

 

Impresionante currículum

Enrique Pacheco Álvarez nació en la ciudad de Oaxaca de Juárez el 13 de agosto de 1931. Estudió en el Instituto de Ciencias Artes de Oaxaca, hoy Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO) graduándose como alumno sobresaliente de la Escuela de Derecho. Durante su paso por el instituto presidió la Sociedad Estudiantil Benito Juárez y el Congreso Local de Estudiantes. Impulsó la transición de instituto a universidad, que permitió ofertar más carreras para los jóvenes oaxaqueños.

Ejerció la cátedra en importantes instituciones educativas en los años 1951 a 1966 fue catedrático en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca; de 1967 a 1970 en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Escuela Superior de Comercio en el Instituto Politécnico Nacional; y de 1970 a 1974 en la UABJO. Fue maestro de los abogados Ericel Gómez Nucamendi y Julio Esponda Solana.

Tuvo una importante labor en la abogacía oaxaqueña;  fue creador del Grupo Oaxaca, y en el servicio público fue juez municipal civil y penal en la Ciudad de Oaxaca de Juárez; de 1956 a 1968 fue diputado de la 43 legislatura del Congreso del estado, y de 1962 a 1964 diputado de la 45 legislatura del Congreso de la Unión. Fungió como consejero agrario, integrante del Cuerpo Consultivo Agrario, de 19666 a 1970; de 1972 a 1974 fue director de la Casa de la Cultura de Oaxaca.

De 1974 a 1977 fue secretario general de Gobierno del estado con Manuel Zárate Aquino; ese mismo año fue asesor del secretario de Gobernación y subdirector de servicios migratorios de la Secretaría de Gobernación. En 1981 el presidente de la República lo condecoró con La Gran Cruz del Mérito Profesional Legislativo, que le otorgó el Supremo Consejo de la Asociación Nacional de Abogados.

En 1984 fue director general de enlace y coordinación de la SEP; en 1985 fue director general de normas e insumos de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología. Fue también director general de recursos humanos de Luz y Fuerza del Centro, titular del área jurídica del municipio de Oaxaca de Juárez en el 2, entre otros.

Sus contemporáneos fueron: Agustín Márquez Uribe, Raúl Bolaños Cacho Guzmán, entre otros. Recordó él mismo que en 1952 el entonces Instituto de Ciencias y Artes (ICA) tenía una matrícula de 652 alumnos y ejercía un presupuesto de 350 mil pesos, la mayoría aportado por el gobierno del estado y una mínima parte por la Federación, para preparar a profesionales en Medicina, Leyes, Contaduría pública y privada, secretarios taquígrafos y mecanógrafos, así como dependientes de farmacias.

Se enorgulleció de que entre los liberales de la época estuvieran alumnos del ICA, “cuando el libre pensamiento hizo frente a los dogmas”. Recordó la lucha intensa entre liberales y conservadores, señalados en su tiempo como “aceites” y “vinagres”, lo mismo que ahora, sólo que más de 100 años después.

También refirió la intervención de la Iglesia católica en la política y el “pequeño golpe de Estado” que junto con sus compañeros de la Sociedad Estudiantil “Benito Juárez” --donde también participaba Márquez Uribe--, dieron en contra de los conservadores.

Como un homenaje perpetuo al “Indio de Guelatao”, reveló que en mayo de 1955 pusieron el nombre de “Benito Juárez” a la naciente Universidad, con lo que derrotaron a las manos de la Iglesia que estaban metidas en el Instituto de Ciencias y Artes (ICA). Aseguró que fue la gran crisis que vivía el Instituto lo que dio paso a la creación de la Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca (UBJO). Además, detalló que sólo 12 de los 15 diputados locales de la época aprobaron el decreto de creación de la UBJO.

Fue en la administración del general Manuel Cabrera Carrasquedo como gobernador del Estado, cuando surgió la idea de crear la UBJO para renovar el ICA, afirmó Pacheco Álvarez, quien precisó que aun cuando se perfilaba al Dr. Ignacio Castro Mantecón como el primer rector, finalmente quedó el Dr. Federico Ortiz Armengol porque se cambió el acuerdo original de que fuera el último director del Instituto de Ciencias y Artes, a propuesta del titular del Poder Ejecutivo en turno.

Y el 25 de abril de 2019 el Cabildo de la Ciudad de Oaxaca de Juárez le otorga la Distinción al Mérito Profesional.

Ayer, el corazón de este noble oaxaqueño de cepa ya no pudo más y dejó de latir.

Para quienes tuvieron el privilegio de haber compartido con él parte de su camino y con quienes animaban las tertulias, Pacheco Álvarez fue ejemplo de valor e integridad, y recordarán siempre esas enseñanzas, demasiadas, que deberían hacerse públicas. Hoy, las calles sin este catedrático, político y amigo, no son mejores.  

 

Vete tranquilo licenciado, descansa;  un hombre como tú se lo mereces. Tus amigos, que se inclinan ante ti, te desean buen viaje.

Hasta siempre.

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