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Llama obispo auxiliar de Oaxaca a orar por su ministerio episcopal

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Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún llamó a los católicos a orar por él para que pueda honrar cada día su ministerio episcopal con humildad, seriedad, valentía, silencio, palabras, prudencia, audacia y confianza.

“Todo esto para alabanza y gloria de Dios, misericordioso con todos”, añadió.

En la homilía de la misa de acción de gracias, oficiada en el templo del Carmen Alto, por la conmemoración del primer aniversario de su consagración como legítimo sucesor de los apóstoles, el mitrado aseveró que el ministerio episcopal se caracteriza por una continua profesión de amor a Dios y amor al prójimo. 

“En el ministerio episcopal, el amor a Dios y al prójimo es el fundamento y el motor de toda acción, una unidad inseparable que se expresa a través de la atención pastoral, el testimonio de la fe y el servicio al prójimo, arraigado en la oración y la conexión permanente con Dios”, anotó.

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En presencia del arzobispo de Antequera-Pedro Vázquez Villalobos, sacerdotes y files, afirmó que este amor no es solo un sentimiento o una emoción, sino una disposición del corazón para buscar el bien de todos los componentes de la comunidad arquidiocesana.

“En este primer año como obispo he experimentado que el amor a Dios se vive en la obediencia. Y así, he venido a esta tierra oaxaqueña extensa, montañosa y hermosa en la obediencia por amor a Dios”, aseguró. 

Por eso, sostuvo que se ha esforzado por amor al prójimo en recorrer el amplio territorio de la arquidiócesis para visitar parroquias, municipios y agencias municipales por variados motivos, entre ellos,  confirmaciones, primeras comuniones, fiestas patronales, mayordomías, iniciativas juveniles y caritativas, actividades de evangelización y catequesis. 

“Así, he buscado encontrarme con nuestros sacerdotes, nuestros agentes pastorales y nuestros fieles católicos para mostrar el amor a Cristo, que es camino, verdad y vida”, anotó. 

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Además, subrayó que el amor a Dios y al prójimo pasa también por una revisión humilde al interior. 

“Al decir esto, no pretendo provocarles un falso sentimiento de indulgencia hacia mí, tampoco es para auto-justificar mis límites y debilidades humanas, sacerdotales y episcopales. Más bien es para que constatemos juntos que el sacerdocio no es una obra humana, no es algo que se merece y se gana como un premio. Es sobre todo un don misterioso de Jesucristo, que conociendo nuestras debilidades no nos rechaza por ello, sino que por amor nos llama a poner generosamente aquel poco de bueno que tenemos”, agregó.

De esta manera, destacó que se debe dar gracias a Dios por el sacerdocio, por los sacerdotes de carne y hueso, porque son ante todo don y obra de Dios mismo. 

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“Al mismo tiempo por mí pobreza humana pido perdón a todo aquel que se haya visto afectado de mis errores, sepa que soy consciente que no soy perfecto por eso pido perdón y que necesito de la misericordia de Dios, misericordia que obtendré con la ayuda de su comprensión y de sus oraciones”, añadió.

Ante esto, Tut Tún invocó humildemente la ayuda e intercesión de la Santísima Virgen María, elevada en cuerpo y alma al cielo, así como a los protectores de la arquidiócesis, los beatos Mártires de Cajonos, Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles. 

“También siento sobre mí la mirada de mis santos patronos, San Luis de Gonzaga y San Alfonso María de Ligorio, a quienes les tengo admiración y devoción por haber sido ejemplares discípulos de Cristo”, apuntó.

 

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