Mónica Ortiz Sampablo
Ella hizo gala de su ser mujer, en un mundo, en un tiempo, en el que las mujeres tenían que recurrir a estrategias como cambiarse el nombre por uno masculino o disfrazarse de hombre para tener acceso a la educación o un cargo hecho solo para masculinidades. El ámbito literario no era la excepción. Ella es Emilia Pardo Bazán, nacida en 1851, novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poetisa, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante española. Es considerada la primera corresponsal, escribió numerosas crónicas que enviaba desde diferentes lugares al periódico "La época".
Lectora voraz que en la infancia se encontró con los libros que alguien olvidó en una habitación de su casa, una vez que descubrió las historias que se condensaban en esas páginas, sus sentidos se abrieron y vino la escritura a su vida. En la actualidad representa una de las voces más poderosas de la literatura española del siglo 19; su prosa destacó en la corriente naturalista; escribió, a pesar de quienes ocupaban los lugares de mayor importancia por doquier: los hombres.
La literatura y la buena disposición para el amor eran dos ingredientes que nunca faltaron en su vida; se casó muy joven, a los 16 años, con José Quiroga y tuvieron tres hijos; pero el matrimonio terminó cuando éste le pidió que se retractara de lo que escribía; ella se retractó, pero de tenerlo como esposo y se separaron; por cierto, conservaron una relación amistosa.
Emilia se encontraba en medio de la polémica que sus novelas provocaban, pues no tenía tapujos y escribía sobre temas que atentaban contra las buenas costumbres de su época, temas relacionados con el sexo. Sus contemporáneos escritores, Juan Valera, Pio Baroja y el mismo Clarín, por mencionar a algunos, le cerraban el paso para ingresar a la Academia con comentarios desagradables que más apuntaban a su aspecto físico que a su trabajo como escritora.
Pero hubo alguien que no lo hizo, un hombre con quien estableció una relación que habría de durar 20 años al menos, y en la que se escribieron innumerables cartas, se trata de Benito Pérez Galdós. En las primeras misivas se hace presente la admiración de una alumna a su maestro, pero poco a poco aparece el coqueteo que anuncia la declaración amorosa; desde luego es ella quien parece tomar la iniciativa.
Continuará el próximo miércoles.
