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La Cuaresma, acto de fe que mueve la economía

Mario Robles, fotografiado para un artículo sobre cómo la Cuaresma es un acto de fe que también impulsa la economía.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rodolfo Ríos Reyes

Cada viernes de Cuaresma, la rutina alimentaria de miles de familias oaxaqueñas cambia casi sin necesidad de recordatorio. En fondas, cocinas económicas y hogares de la capital, la carne roja desaparece del menú y el pescado ocupa su lugar. No es casualidad ni estrategia comercial: es una práctica religiosa con raíces centenarias que, en pleno 2026, también tiene repercusiones visibles en la economía local.

La abstinencia de carne los viernes cuaresmales forma parte de la disciplina penitencial de la Iglesia Católica. La Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza y culmina en la Semana Santa, un periodo de preparación espiritual que recuerda la pasión y muerte de Jesucristo.

El viernes tiene un significado especial: conmemora el día de la crucifixión. Por ello, la tradición establece la abstinencia de carne roja como un acto de penitencia. No se trata de una prohibición alimentaria en sentido estricto, sino de un gesto simbólico de sobriedad: la carne -históricamente asociada a abundancia y celebración- se sustituye por alimentos como pescado o mariscos.

En la ciudad de Oaxaca de Juarez, el efecto es tangible. Cada viernes de Cuaresma se modifica la dinámica comercial en espacios como el Mercado de Abasto, el Mercado 20 de Noviembre y diversas pescaderías del centro.

Comerciantes de carne reportan una disminución en ventas específicamente los viernes, aunque el consumo se normaliza el resto de la semana. En contraste, vendedores de pescado y marisco registran mayor afluencia, sobre todo en productos como mojarra, filete blanco, camarón y pulpo.

Sin embargo, este aumento en la demanda suele venir acompañado de ajustes en precios. Factores como transporte desde la Costa, costos de refrigeración, combustible y disponibilidad del producto inciden directamente en el precio final. En algunos casos, el kilo de pescado fresco puede igualar -e incluso superar- el costo de cortes económicos de res.

La Cuaresma de este año se desarrolla en un contexto de presión sobre el gasto familiar. La inflación acumulada en alimentos ha obligado a muchas familias oaxaqueñas a planear con mayor precisión sus compras. Así, cumplir con la abstinencia implica comparar precios, optar por productos más accesibles o recurrir a alternativas como atún enlatado, sardina o platillos a base de legumbres.

Especialistas en economía local señalan que este periodo genera un comportamiento estacional del mercado: se redistribuye la demanda más que desaparecer. La carne no deja de venderse, pero el consumo se concentra en días distintos; mientras tanto, el sector pesquero experimenta picos de venta concentrados.

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