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José Azcona: 4 décadas dedicadas a la elaboración de monos de calenda

Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

 Renato Guzmán /  Fotos: Gabriela González

 

Hace más de 40 años, don José Azcona sembró dos árboles del tamaño de un lápiz en la calzada Niños Héroes de Chapultepec. Actualmente, se necesitarían más de dos personas para abrazarlos por completo.  Sin imaginarlo, ese lugar con sombra fresca proveniente de las ramas de la naturaleza, se convertirían en el fiel testigo del nacimiento de una fábrica de sueños donde se realizan monumentales e imponentes monos de calenda. 

Gracias a su madre, desde muy pequeño, José conoció las coloridas y emocionantes calendas de la iglesia de la Soledad. En medio de la algarabía y los sones, algo llamó particularmente su atención: los monos de calenda de más de dos metros de altura que bailaban y eran manejados por personas en su interior. 

Sin embargo, el destino o la casualidad lo pusieron en el lugar, momento y en la fiesta indicada, donde su gusto por los monos de calenda sin imaginarlo se convertiría en su oficio; uno de los más nobles e icónicos de Oaxaca. 

La última fiesta a la que asistió don pepe en su juventud, sirvió como detonante para dedicarse actualmente a este trabajo. Fue durante la calenda de San Agustín cuando recuerda haber estado pidiendo un mono durante más de dos horas, sin embargo, al sonar la diana se percató que no se lo prestarían para bailarlo, “ahí me juré que yo jamás volvería a pedir uno y fue que decidí hacer el mío”, relata. 

Engrudo, papel periódico, tela, carrizo, imaginación y amor por este oficio, son los ingredientes necesarios para convertir la materia prima en personajes de gran tamaño con diferentes tonos de piel y atuendos. Estos materiales toman la forma de diferentes personajes, desde Vicente Fernández y la India María, hasta “el Panchito”, uno de sus más entrañables amigos. 

Así se le puede observar a don José, elaborando día con día sus monos de calenda cuando la inspiración y el sudoku de algún periódico se lo permite. El proceso, dice, lleva al menos “unos veinte días, porque hay que dejarlos secar y que el sol haga lo suyo, porque nada sustituye al sol naturalmente”. Una vez terminados están listos para animar una fiesta y captar la atención de los asistentes, expresó.  

“De todo lo que más disfruto es cuando los bailo y cuando veo que la gente les ve el rostro, la parte alta y no se dan cuenta que están siendo observados desde el ombligo del mono y veo cómo arranca sonrisas a nacionales y extranjeros”, narra con satisfacción. 

De Oaxaca para el mundo

El folclor de Oaxaca sobrepasa las fronteras, llega a lugares inimaginables donde en ocasiones los artistas por diversos factores no pueden acompañar a sus obras.  Las marmotas de tehuanas y yalaltecas de don Pepe han sido expuestas en el Museo de Antropología e Historia, Massachusetts y Minesota, “siento que son mis diplomas”, afirma. 

“En Estados Unidos hacen una calenda cuando llega la primavera y se empiezan a deshielar los diez mil lagos que tienen. Cuando vinieron y se llevaron para allá un mono que realicé, se sorprendieron porque aquí hacemos el convite, la calenda, la fiesta y luego la octava. Así somos de fiesteros en Oaxaca”.

“Monoterapia”, uno de sus recuerdos más gratificantes 

Durante su amplia trayectoria, los reconocimientos han pasado a segundo plano cuando recuerda la contribución que tuvo con uno de sus monos en la salud de un niño con un tumor cerca del corazón. Mismo que anhelaba con todas sus fuerzas asistir a la fiesta de San Juanito en el mes de diciembre. 

“Y yo le hice su mono como me lo había pedido y se lo llevé al seguro social, ahí le llamé monoterapia, porque el niño sanó con la esperanza de ir a bailar la marmota que tenía de compañía al lado de su cama y lo logró. Hasta el día de hoy ha de tener aproximadamente 25 años”, explica con emoción a flor de piel y la voz entrecortada. 

Si de satisfacciones se trata, explica, ese ha sido uno de los detalles más gratos que le ha dejado dedicarse a este noble oficio, el poder contribuir para dar salud y asumir una actitud diferente a una persona enferma e incluso, ofrecer sus marmotas a los niños sin la necesidad de que estos se las pidan para poder bailarlas. 

Monos de calenda para niños

Hace más de 40 años no existían los monos de calenda para menores de edad, problemática que Don José observaba de manera frecuente en las fiestas a las que asistía. Esto lo llevó a innovar y crear algunas siluetas para niños de tres años en delante, de un material extremadamente ligero e ilustrado de sus personajes favoritos y que más llamara su atención.  

“Me preguntan que si los rento, mi respuesta es: que los regalo, los presto, los vendo, los alquilo, porque todo lo que he hecho se me ha dado y lo debo, por eso tengo un grupo numeroso de niños a los que se los he regalado para verlos felices y satisfacer sus gustos”, cuenta. 

Economía en Oaxaca ha cobrado facturas

Desde hace más de año y medio don Pepe no ha percibido ingresos por este oficio al no haber fiestas, ni Guelaguetza, sin embargo, gracias a sus amistades y al buen corazón de las personas ha podido salir adelante y continuar disfrutando de este “trabajo que no es trabajo que le permite distraerse”.

El camino ha sido difícil y solventar sus gastos económicos se ha vuelto algo complicado, comenta, “una institución de gobierno me trajo una despensa de 100 pesos, por educación la acepté, pero creo que no se vale, fue como una burla, pero ahí vamos, me encanta el reto porque hasta el día de hoy estamos bien”, señala.

Un corazón generoso

Las puertas del espacio cultural de don Pepe están abiertas a todo público y para quien desee aprender de este oficio sobre la Calzada Niños Héroes de Chapultepec, ahí se encuentra José con los brazos abiertos y la mejor disposición, “para servirles. Vengan a Oaxaca, cuenten con un servidor y amigo”, invita. 

“Ha habido para todos, lo que me dan lo reparto entre quien más lo necesite, cuando se reparte luce más y a mí me ha dado buen resultado. Cuando me han traído grandes despensas las reparto con más familia, debemos ser generosos”, afirma.

Los monos de calenda significan para José su vida entera, esto lo ha llevado a conocer a grandes personas, tener grandes amigos y colaborar en su momento con el maestro Francisco Toledo. Lo que lo ha llevado a afirmar que “si volviera a nacer, volvería a ser monero, me encanta”, puntualizó. 

 

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