Por Redacción NOTICIAS
Cada 30 de abril, mientras las escuelas se llenan de globos, dulces y festivales, conviene recordar que el Día del Niño no es solo una celebración, sino una oportunidad para mirar de frente una realidad que sigue siendo incómoda: el derecho a la educación de miles de niñas y niños en Oaxaca aún no está plenamente garantizado. En una entidad marcada por la diversidad cultural y también por profundas desigualdades, hablar de educación implica reconocer brechas persistentes en acceso, infraestructura y calidad. No basta con abrir las puertas de las aulas; se requiere asegurar que todas las infancias, sin importar su origen, lengua o condición social, tengan las mismas oportunidades para aprender y desarrollarse.
En muchas comunidades, especialmente en regiones indígenas y rurales, asistir a la escuela sigue siendo un reto diario. Caminos largos, planteles sin servicios básicos, falta de docentes o interrupciones constantes por conflictos sociales son parte del panorama. A esto se suma el rezago educativo acumulado tras la pandemia, que dejó huellas profundas en el aprendizaje. El derecho a la educación no se cumple solo con la inscripción; implica permanencia, condiciones dignas y contenidos pertinentes a la realidad de cada comunidad.
Oaxaca también es ejemplo de resistencia y compromiso. Hay maestras y maestros que recorren kilómetros para llegar a sus escuelas, comunidades que construyen aulas con sus propios recursos y familias que, pese a la adversidad, priorizan la educación de sus hijas e hijos. Sin embargo, no debería depender del esfuerzo individual lo que es una obligación del Estado. La niñez no puede seguir pagando el costo de la desigualdad estructural ni de la falta de políticas sostenidas.
En este Día del Niño, más allá de los festejos, la pregunta es inevitable: ¿qué tanto estamos garantizando el derecho a aprender? Porque celebrar la infancia sin asegurar su futuro es una contradicción. Apostar por la educación en Oaxaca no es solo una deuda pendiente, es la base para transformar realidades. Y ese compromiso no puede seguir postergándose.
