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Incendios en Oaxaca disminuyen la captación de agua en los veneros

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Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Un incendio forestal tiene un amplio espectro de daños a la vegetación y fauna, pero impacta también en la degradación del suelo y su capacidad de filtrar el agua de lluvia para recargar los veneros.

El profesor de ciencias ambientales de la Universidad de la Sierra Juárez (Unsij), Fernando Ramos, advirtió que en un bosque sin el follaje que le daban los árboles que ahora están incendidados, “las lluvias caen de manera directa al suelo y produce un proceso de erosión bastante alto, lo que implica que no habrá filtración”.

El daño ambiental, sobre todo en áreas naturales protegidas o que son principales zonas de recarga de agua de veneros, es que en dos o tres años sea más evidente la falta de agua.

 

 

Como sociólogo y profesor investigador es contundente cuando afirma que los incendios que en Oaxaca en este 2024 ya ronda los cien y 17 de estos ocurrieron en áreas naturales protegidas, se traducirán en la desaparición de veneros o arroyos.

Un ejemplo es el incendio forestal que en febrero ocurrió en Santa Catarina Ixtepeji, una zona biodiversa que sin ser área natural protegida, ya enfrenta “un proceso de erosión bastante fuerte”.

El daño al suelo se observa incluso antes de los meses de julio, agosto y septiembre que la temporada de lluvias se establece, por lo que se anticipa un agudo proceso de erosión para las zonas incendiadas.

La erosión es lo primero que ocurre, se requieren unos 10 o 12 años en lo que empieza a regenerarse la vegetación y el suelo va a tardar también en recuperarse”, lo que también se liga a la disminución de la fauna.

 

 

“La vida animal que estaba ahí emigran o mueren durante el incendio y mientras no haya vegetación, no van a tener alimento ni agua y  no van a regresar”, explica con claridad.

El especialista en socioecología pidió que más allá de las miles de hectáreas de vegetación que dañan los incendios forestales, existan estudios con datos más sutiles que dimensionen el impacto real en la biodiversidad.

“Hay especies endémicas en flora y fauna en áreas naturales protegidas de Los Chimalapas, en Tepelmeme de Villa de Morelos o en Villa Díaz Ordaz que se afectaron, pero no hay datos a ese nivel”, criticó.

Sin esos “estudios más profundos” y recursos suficientes no habrá manera de “acelerar los procesos de restauración” que a su vez minimicen el impacto negativo en la captación de agua.

 

“La erosión es lo primero que ocurre, se requieren unos 10 o 12 años en lo que empieza a regenerarse la vegetación y el suelo va a tardar también en recuperarse”.

Fernando Ramos

Profesor de ciencias ambientales de la Unsij

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