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Guiengola; la ciudad zapoteca oculta del Istmo de Tehuantepec

Foto(s): Cortesía
Redacción

El estado de Oaxaca cuenta, entre otros atractivos, con zonas arqueológicas importantes que encierran historia y también algunos misterios hasta ahora develados, tal como pasa con la zona de Guiengola, en el Istmo de Tehuantepec.  

Empecemos por recordar que antes de la llegada de los españoles, la cultura zapoteca estaba cerca de su ocaso. Esta civilización mesoamericana que dominó las regiones mexicanas de Oaxaca, Guerrero, Puebla y Veracruz había perdido su esplendor, acuciada por la presión de los mixtecos primero y los mexicas después, lo que les obligó a emigrar hacia el sur del país.

A su vez, para el siglo XV, las luchas se concentraban en ganar el control de las rutas comerciales hacia Chiapas, Veracruz y Guatemala. Los zapotecos optaron por una estrategia clara: Había que fundar cuarteles fortificados para soldados entre los valles centrales y la costa del Pacífico. Y una de esas plazas fuertes fue Guiengola (que significa ‘piedra grande’).

Años en que fue habitado

El sitio probablemente estuvo habitado entre los años 1350 y 1500, contribuyendo a mantener el control político y social sobre la región del istmo de Tehuantepec. Durante décadas todo el mundo pudo ser testigo de sus murallas, casas, canchas de juego de pelota, tumbas y un gran Palacio con estanques artificiales y terrazas. Lo que nadie sabía era que había mucho más escondido.

Por su parte, el investigador Pedro Guillermo Ramón Celis, de la Universidad McGill, descubrió, gracias a los sistemas remotos de láser Lidar, que Guiengola era en realidad una auténtica ciudad fortificada en expansión que tenía una extensión de 360 hectáreas, cuatro kilómetros de murallas y más de 1,100 edificios, incluidos templos y espacios comunes.

Abandonan la ciudad

De acuerdo con el arqueólogo en su artículo publicado en la revista Ancient Mesoamerica, las evidencias encontradas sugieren que la metrópoli fue abandonada justo antes de la conquista española y que su gente se mudó a Tehuantepec, una pequeña urbe situada a solo 20 kilómetros y donde sus descendientes aún viven hoy en día.

Celis obtuvo información topográfica tridimensional, precisa y detallada gracias a la herramienta de detección remota Lidar (un proceso similar al sonar, pero que se basa en pulsos láser) que le permitió cartografiar la topografía del terreno, debajo del denso bosque.

“La familia de mi madre es de la región de Tehuantepec. Aunque se podía llegar a Guiengola usando un sendero, estaba cubierto por un dosel de árboles. Hasta hace muy poco, nadie habría tenido forma de descubrir la extensión completa del sitio sin pasar años sobre el terreno caminando y buscando. Pudimos hacerlo en dos horas desde un avión”, señala.

En tanto, al analizar los datos generados por los escaneos y compararlos con los recursos del Centro de Información Geográfica de McGill, el experto pudo mapear el tamaño y la disposición de las estructuras construidas restantes y confirmar su uso basándose en los artefactos encontrados en los lugares.

Es importante indicar que para explorar cómo se distribuía el poder en la ciudad, ha calculado cuánto espacio de construcción se dedicaba a las áreas de élite, como los templos y las canchas de juegos de pelota, por ejemplo, en comparación con lo que se construyó en las áreas utilizadas por los plebeyos.

Antigüedad de la ciudad

“Como la ciudad tiene solo entre 500 y 600 años, está sorprendentemente bien conservada, por lo que puedes caminar por la jungla y descubrir que las casas aún están en pie, puedes ver las puertas, los pasillos, las cercas que las separan de otras casas. Así, es fácil identificar un terreno residencial. Es como una ciudad congelada en el tiempo, antes de que se produjeran las profundas transformaciones culturales que trajo consigo la llegada de los españoles”, dice Celis.

En su época de mayor apogeo, la ciudad pudo llegar a tener alrededor de 5,000 habitantes. Un complejo de 45 metros de largo de este a oeste y 50 metros de norte a sur habría ejercido como sede del poder de Guiengola, añade. Según los registros españoles, los mexicas atacaron la ciudad en 1497, pero fueron derrotados.

A sí mismo, el investigador de la Universidad McGill asegura que estudiar cómo se organizó la ciudad mesoamericana en vísperas de la conquista española de México, que empezó en 1521, es solo el primer paso y está convencido de que a medida que avance el trabajo en Guiengola tendrán una mejor idea de la organización política y social zapoteca. 

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