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Fausto, un héroe sin capa, se vuelve rescatista por terremoto de 1999

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Foto(s): Citlalli López Velázquez
Citlalli López Velázquez

Cuando Fausto entró a trabajar en la Coordinación Estatal de Protección Civil lo hizo desde su profesión como informático, pero la vida lo llevaría por su verdadera pasión: ser rescatista de la Cruz Roja Mexicana.

 El terremoto de 1999 en Oaxaca cambió su vida por completo.

“Yo inicio en la parte técnica o soporte informático porque finalmente eso fue lo que yo estudié, pero lamentablemente el 15 de julio y el 30 de septiembre de 1999 sacuden dos sismos fuertes al estado de Oaxaca, uno en la Mixteca y otro con epicentro en la Costa. En ese momento, nuestro director nos asigna a trabajos operativos con compañeros que ya estaban ahí y es precisamente esto lo que detona mi interés”.

El impacto de ese momento lo llevó a formarse en primeros auxilios y, eventualmente, a unirse a las filas de la Cruz Roja como técnico en urgencias médicas. Con el tiempo, Fausto se especializó en rescate, manejo de herramientas hidráulicas, cuerdas y en la búsqueda en estructuras colapsadas.

Un aniversario más del sismo de 2017

Fausto, quien actualmente tiene 24 años de experiencia en el área de rescate, recuerda con emociones encontradas los sismos de 2017, que devastaron Oaxaca y la Ciudad de México, en éste último evento tuvo la oportunidad de participar en labores de rescate.

Este 19 de septiembre se conmemora un aniversario más de esa tragedia y la de 1985. 

“Fue una experiencia muy intensa. Colaboramos en la búsqueda y rescate de personas atrapadas en edificios multifamiliares. Es algo que te llena de satisfacción porque ves los resultados de todo el esfuerzo que has puesto, pero al mismo tiempo es doloroso. Ver a padres que han perdido hijos o a personas suplicando que encuentres a sus seres queridos, aunque solo sea el cuerpo, es algo muy difícil de manejar", relata.

Uno de los grandes protagonistas de esos rescates fue Balto, su perro de búsqueda, con quien Fausto trabajó en varios operativos. "Balto estaba certificado y fue clave en los rescates. La experiencia en la Ciudad de México fue la más significativa de su carrera", dice con nostalgia debido a que Balto falleció en mayo de este año.

El rescate, su verdadera vocación

A lo largo de su trayectoria, Fausto ha participado en numerosos desastres, pero dos momentos lo marcaron profundamente. Uno de ellos fue un rescate en San Pedro Ixtlahuaca, Oaxaca, donde un arroyo arrastró un vehículo con una madre, su hija y su sobrino. Mientras que la madre y su hija lograron salir, el pequeño no corrió con la misma suerte. "Buscar su cuerpo durante días fue una de las experiencias más difíciles, pero también reafirmó mi compromiso de no abandonar a las personas en su sufrimiento", comenta.

Otra experiencia fue en 2010, durante un deslave en la Sierra Mazateca entre Huautla de Jiménez y Jalapa de Díaz donde un taxi quedó sepultado, causando la muerte de seis personas. "Trabajamos por más de una semana sin éxito, hasta que llegaron binomios caninos de Guadalajara y encontraron los cuerpos en unas pocas horas. Ahí me di cuenta del poder de los perros de rescate y decidí dedicarme a formarme en esta área."

Misión de vida 

Hoy en día, Fausto considera el rescate como su pasión y su propósito de vida. 

"Este trabajo es mucho más que una profesión, es una misión. Me levanto cada día con la misma energía que tenía cuando empecé hace 24 años. Lo que hacemos no solo es aliviar el sufrimiento humano, también es un acto de compartir el conocimiento con las nuevas generaciones", expresa con determinación.

"Transmitir lo que he aprendido a los jóvenes es esencial. No podemos quedarnos con lo que hemos adquirido, debemos asegurarnos de que las futuras generaciones estén preparadas para continuar esta labor humanitaria."

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