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Escasez de agua, un castigo más crudo cuando se vive en la pobreza

Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Nadia Altamirano Díaz

El oído de Andrea está educado para distinguir, aún entre sueños, que el agua llega a su casa, una reducida vivienda de dos cuartos levantados sobre otros dos, pero sin acabados, con algunos vidrios rotos en las ventanas. Sin importar la hora, debe aprovechar ese momento para lavar toda la ropa acumulada.

Andrea -y otras once personas de su familia- vive en la parte más alta de la Colonia Moctezuma, en los cerros que llevan a la zona arqueológica de Monte Albán, donde el crecimiento urbano descontrolado pobló a la agencia municipal de San Martín Mexicapam, una de las trece que hacen que Oaxaca de Juárez sea el municipio más poblado y con mayor demanda de agua potable.

A esa pendiente que se forma en la casa de Andrea, un pequeño pedazo de ladera de un cerro se hizo habitable. Una escalera con restos de madera son la entrada para una reducida planta alta de apenas dos cuartos, abajo otros dos a los que se accede por la misma escalera. La cocina se levantó con láminas. A la misma altura del piso, tres círculos con tabiques sostienen la instalación hidráulica más preciada de la familia: tres tinacos cuyo contenido debe alcanzar para un mes.

Cuidar lo poco que llega 

“Estamos cuidando mucho el agua”, deja en claro Andrea, una mujer de 57 años que por no saber ni leer ni escribir acepta que por una jornada de 9 horas en una casa ajena, le paguen 200 pesos como trabajadora doméstica, o 70 pesos por lavar una docena de ropa.

Antes de este estiaje, el Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado enviaba agua cada semana. Si llegaba a las 6:00 de la mañana, ocho horas después los tres tinacos de mil 100 litros, ya estaban llenos, asegura Andrea.

Ahora “no mandan mucha agua, a veces se llena a la mitad cada tinaco”, pero en una junta reciente de su colonia les avisaron que el líquido llegará una vez por mes, porque no hay disponibilidad en los 32 pozos de los que se extrae.

Ese “tandeo” más esporádico hace que mentalmente Andrea se predisponga a lavar en un sólo día toda la ropa que se acumule, “así sea de noche, habrá que aprovechar”. 

Utilizar al menos dos veces el agua

Mientras pone una cubeta al pie del tinaco de en medio, porque el multiconector que sirve de llave se descompuso y gotea, Andrea es contundente cuando habla de las dificultades con las que viven por falta de agua.

“Sólo cuando llega el agua “clarita” se lava ropa blanca, porque si uso cloro se pone más amarilla” y lo que se necesite lavar en próximos días, como los uniformes, “sólo una talladita y ya, porque al ratito están otra vez sucios”.

Así como no hay posibilidades ni recursos económicos para construir una cisterna, en la casa de Andrea una lavadora es impensable, no sólo por el costo, sino porque le implicaría desperdiciar más agua.

En el baño no hay regadera. La medida para cumplir con esta medida de higiene es media cubeta por integrante de la familia y sobre una tina, para volver a aprovechar el agua que se utiliza para el sanitario.

Toda el agua que sale del lavadero, ya sea porque se lavaron los trastes, la ropa, las manos o la boca, cae a una tina para que se ocupe en el sanitario. Un pedazo de lámina vieja cumple la función de una canaleta.

En la carencia hídrica 

La familia de Andrea no necesita vivir en San Simón Zahuatlán, Coicoyán de las Flores o San Francisco Teopan -municipios considerados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) como los más pobres de Oaxaca e incluso el país- para tener que sortear las precariedades diarias que la limita en el acceso a servicios básicos, educación, salud y alimentación nutritiva.

Por ser el municipio más poblado, con 270 mil 955 habitantes, según el censo que en 2020 levantó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), es también uno de los cinco con más habitantes en situación de pobreza, y junto con San Juan Bautista Tuxtepec, Santa Cruz Xoxocotlán, Juchitán de Zaragoza y Santiago Pinotepa Nacional, concentraba el 13.7 por ciento de la población  del estado en pobreza, según Coneval.

Vivir en la ciudad de Oaxaca, pero en una de las zonas suburbanas que carece de un servicio regular de agua, es para el director del Instituto de la Naturaleza y la Sociedad Oaxaqueña (INSO), Juan José Consejo Dueñas, un factor que agudiza las dificultades para acceder a un bien tan necesario en las actividades diarias.

“Hay que tomar en cuenta la condición del momento en que estamos y definitivamente este 2023 tiene la particularidad de temperaturas muy altas que hacen el estiaje más agudo y agrava la deficiencia crónica de disponibilidad de agua, sobre todo para quienes no pueden pagar por ella”, recalcó.

Y agregó: “Un sistema de distribución deficiente implica mayores dificultades para quienes tienen pocos recursos, sobre todo si carecen un sistema de almacenaje mayor como una cisterna o de dinero para pagar por el servicio de una pipa de agua”.

Andrea no piensa siquiera en la posibilidad de comprar agua. La falta de trabajo suficiente se lo impide. No le queda más que dejar de lavar la ropa o “no hacer mucha comida porque falta el agua hsta para trastes. Son once platos y vasos. Estamos cuidándola lo que más que podamos”, aunque en ese esfuerzo sacrifiquen las necesidades básicas de higiene.

Los tres municipios con más población en pobreza:

San Juan Bautista Tuxtepec

Oaxaca de Juárez

San Felipe Jalapa de Díaz 

Fuente: Coneval 2020

 

80 mil

tomas de agua del municipio de Oaxaca reciben el servicio del Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado.

El dato

Una persona requiere 100 litros de agua para satisfacer sus necesidades diarias.

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