En el frenesí que la urbanidad impone a las actividades cotidianas y resta tiempo al cuidado de los alimentos que se consumen, el Centro de Apoyo para la Educación y Creatividad Calpulli le apuesta a educar a las infancias para que aprendan la importancia de generar sus propios alimentos.
“Tener un huerto urbano es un reto, más si se trabaja casi todo el día, pero cuando logras cosechar una primera lechuga, aunque tenga poquitas hojas, tienes la seguridad de que es un alimento con nutrientes”, explica Sayra Osorio Gómez, integrante de la Colectiva Taller de Desarrollo de Habilidades en la Niñez (Tadehni).
El Centro Calpulli nació en marzo de 1993 con un programa de apoyo en tareas, una labor que han hecho durante 31 años en el Barrio Lomas de San Jacinto del municipio de Oaxaca de Juárez.
Por la mañana este Centro recibe a 46 niños y niñas para que cursen su segundo o tercer año de preescolar, tanto del Barrio Lomas de San Jacinto, como de sus alrededores. Por la tarde asisten estudiantes de nivel primaria que reciben apoyo en tareas.
Es con ese alumnado con quienes la Colectiva Tadehni y el Centro Calpulli comenzaron en 2022 el taller Del huerto a la panza.
En este 2024 las seis sesiones se comenzaron a impartir conforme inició noviembre y concluirán antes de las vacaciones de diciembre.
En las primeras cinco sesiones de 90 minutos cada uno se aborda la sensibilización sobre el medio ambiente, incluyendo la plantación de semillas para que en la última sesión cosechar los alimentos orgánicos.
Enseñar desde la experimentación
Mantener la atención en niños y niñas de cuatro años y que comprendan los impactos que dañan el medio ambiente es un reto y Sayra lo sabe.
Por ello, las sesiones van guiadas por experimentos. Para hablar de efecto invernadero trae al salón de clases tres recipientes de plástico con una maceta pequeña y un termómetro.
Cada recipiente previamente pasó un lapso en la sombra o el sol, para que descubran cuál se empaña de vapor o incluso genera pequeñas gotas, dependiendo de la humedad que hay en la tierra.
Con una botella de plástico recortada por la mitad y con un orificio en la tapa, Sayra coloca algodón, arena fina, después mediana y luego piedras de río pequeñas donde vierte basura y agua ligeramente sucia para mostrar cómo elaborar un filtro que mejora la calidad de agua.
Entre ojos que se abren más por el asombro de cómo gotea agua que mejora su transparencia, Sayra explica a niños y niñas que el agua filtrada no se toma porque no es potable, pero sirve para regar las plantas.
Para hablarles del derretimiento de los polos, con la ayuda de dos practicantes, Sayra agrupa a niños y niñas para que en un recipiente lleven cubos de hielo al sol y la sombra para ver cómo se derriten.
La sesión termina regando los huacales y botellas de plástico que sirven como maceta y dan forma a un huerto del que lo mismo brota una lechuga que una mata de tomate.
“Vamos a cerrar las sesiones cosechando alimentos orgánicos para que comprendan el impacto de la alimentación saludable, sobre todo saber de dónde viene, aunque no salga la gran lechuga, que sea limpia y con nutrientes”, afirma con emoción Sayra.
Salud en crisis
En medio de la crisis de salud que provoca que 57 de los 570 municipios de Oaxaca sean parte de los cien del país donde la muerte se ha incrementado hasta en un 200 por ciento y que 13 por ciento de la población viva con diabetes, el Centro Calpulli mantiene una campaña por un Oaxaca libre de chatarra.
En octubre pasado el Centro Calpulli editó su primer libro con dos cuentos para colorear: La Herencia de Tita, un cuento en honor a las cocineras tradicionales, y La decisión de Olivia.
Ambos cuentos fueron escritos por Luis Miguel Ruíz y las ilustraciones para colorear a cargo de la diseñadora Lourdes García.
